En diálogo con el programa Mañana Fantástica, Raúl Gerez, un joven de 17 años, y su madre, Cecilia Pereyra, compartieron su historia de vida atravesada por el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), en un testimonio marcado por el esfuerzo, el acompañamiento familiar y la superación personal.

Cecilia recordó que las primeras señales aparecieron en la etapa inicial escolar, cuando su hijo tenía apenas entre 3 y 5 años. “No se integraba al grupo, prefería jugar solo y le costaba seguir las actividades. A los docentes también les resultaba difícil incluirlo”, explicó.
Tras la intervención de un gabinete psicopedagógico, llegó el diagnóstico de TDAH con hiperquinesia transtorno desafiante, lo que implicó el inicio de un proceso complejo que incluyó tratamientos, acompañamiento profesional y apoyo escolar personalizado.
“Fue muy difícil. Se escapaba del colegio, no lograba adaptarse y muchas veces no había conocimiento suficiente sobre el tema”, relató la madre, quien destacó el desafío cotidiano que implicó acompañar a su hijo en esa etapa.
Por su parte, Raúl reconoció que atravesó momentos complicados durante su infancia y adolescencia. “Me costaba mucho, no me gustaba estudiar, me distraía rápido y me sentía diferente a mis compañeros”, expresó.
Sin embargo, con el tiempo logró desarrollar estrategias propias para mejorar su concentración y organización. “Aprendí a darme cuenta cuando me distraigo y volver a enfocarme. También trato de hacer las cosas en el momento porque si no me olvido”, explicó.
Actualmente, el joven cursa el cuarto año del secundario en el colegio Juan Pablo II, institución que definió como “su segunda familia”. Allí encontró contención tanto en sus compañeros como en los docentes, quienes acompañan su proceso educativo.
Además de estudiar, Raúl participa en diversas actividades que lo ayudan en su desarrollo personal: practica rugby, baila folclore y asiste a espacios de capacitación. “El deporte me ayuda a mantenerme enfocado y ocupado, y el folclore me apasiona”, contó.
El acompañamiento familiar fue clave en este camino. “Siempre estuvieron conmigo, apoyándome en todo”, destacó el joven, mientras que su madre no ocultó su emoción al hablar del crecimiento de su hijo.
“Hoy se lo integra mucho más. Antes era difícil, incluso sufría discriminación. Ahora tiene apoyo, una integradora y un entorno que lo contiene”, señaló Cecilia.
Raúl, que aún proyecta su futuro, aseguró que su objetivo es seguir superándose: “Quiero ser mejor cada día, lograr algo importante y salir adelante”.
Como mensaje final, el joven dejó una reflexión dirigida a quienes atraviesan situaciones similares. “Que puedan desarrollarse, que pongan su granito de arena en querer mejorar y también buscar ayuda, ya sea con psicólogos o maestros. Yo llegué a un punto en el que no quería seguir así, quería ser una persona distinta, mejorar. Por eso es importante intentar cambiar, buscar herramientas y no quedarse solo”.
El testimonio refleja no solo los desafíos que implica el TDAH, sino también la importancia del acompañamiento familiar, educativo y profesional para que los jóvenes puedan desarrollar sus capacidades y construir su propio camino.


