La psicopedagoga Patricia Núñez analizó el fenómeno del bullying en el marco del Día Mundial contra el Acoso Escolar, y advirtió que se trata de una forma de violencia que debe ser visibilizada y abordada de manera urgente tanto en las escuelas como en el ámbito familiar.

En diálogo con Mañana Fantástica, la especialista explicó que este tipo de fechas buscan generar conciencia social sobre problemáticas que afectan directamente a niños y adolescentes. “El acoso escolar es un comportamiento violento, intencional y dirigido hacia otra persona. Rompe con las normas de convivencia y no puede ser naturalizado”, sostuvo.
Núñez remarcó que el bullying no es un hecho aislado, sino una conducta compleja que puede involucrar a uno o varios agresores contra una víctima, y que muchas veces se agrava cuando no hay intervención oportuna. “Cuando la escuela minimiza o no actúa, también está reproduciendo patrones que vienen de la sociedad o del hogar. El silencio nunca es una opción”, afirmó.
En ese sentido, diferenció el acoso de los conflictos escolares habituales. Mientras estos últimos pueden resolverse con diálogo, el bullying implica repetición, intencionalidad de dañar y un desequilibrio de poder. Además, señaló que actualmente el problema se amplifica con el uso de redes sociales, dando lugar al ciberacoso.
Respecto a las señales de alerta, indicó que los cambios de conducta son claves para detectar posibles casos. “Un niño que deja de querer ir a la escuela, se muestra callado o pierde interés por actividades que antes disfrutaba, está manifestando algo. Es fundamental escuchar y observar”, explicó.
También advirtió sobre las consecuencias en el desarrollo emocional y académico. “El bullying afecta la autoestima, genera angustia y ansiedad, y repercute directamente en el rendimiento escolar. Los chicos pierden motivación y concentración porque su mente está atravesada por esa situación”, señaló.
Finalmente, Núñez subrayó el rol central de la educación en la construcción de vínculos saludables. “La agresividad es una conducta humana, pero debe ser trabajada. La escuela y la familia tienen la responsabilidad de enseñar a convivir con respeto, valores y empatía”, concluyó.

