En diálogo con el programa La Hora de las Mascotas, la licenciada Hady Luna, directora de Gestión Pedagógica de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la UNSE, brindó detalles sobre el proyecto de “permisos especiales para asistencia de animales no humanos”, presentado ante el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Santiago del Estero en noviembre del año 2025.

La iniciativa surge a partir del reconocimiento de los animales como parte de la vida familiar y cotidiana. “Veíamos quienes tenemos ese amor por nuestros animales convivientes que forman parte de la dinámica familiar, incluso en situaciones de enfermedad o duelo”, explicó Luna. En ese sentido, el proyecto propone la creación de licencias laborales que permitan a trabajadores de la universidad atender a sus mascotas en momentos críticos.
La propuesta se apoya en cuatro pilares fundamentales: el jurídico, el veterinario, el psicológico y el educativo. En el plano legal, se destaca el aporte del abogado Mauricio Trigo, especialista en derecho animal, mientras que el veterinario Franco Filippi y el psicólogo Martín Varela contribuyeron desde sus áreas específicas. Luna, por su parte, impulsó el enfoque educativo del proyecto para poder trabajar con las escuelas; inclusive pensando de que la universidad puede generar convenios con el gobierno provincial, municipal y distintas ONG dedicadas a la temática”.
Uno de los fundamentos centrales es el avance en el reconocimiento de los animales como sujetos de derecho. Luna mencionó el antecedente de la jueza Elena Liberatori, quien declaró a la orangutana Sandra como sujeto de derecho, marcando un precedente en la jurisprudencia argentina. “Esto abre una nueva perspectiva, porque existe una contradicción: por un lado el Código Civil los considera cosas, pero por otro lado hay normativas que exigen su cuidado y bienestar”, señaló.
La jueza Elena Liberatori sostuvo: “Con los animales convivientes ya hay un grado de tutoría, el vínculo existe y vale un reconocimiento que permita a las personas o tutores tomen licencia para cuidarlos. Esto es simple y tiene que prevalecer la coherencia; por ejemplo, el Estado tiene un programa de protenencia responsable donde pide que las personas atiendan a sus animales convivientes y procuren su bienestar”.
Además, agregó: “Seamos coherentes: atender a ese animal que está enfermo requiere que la persona pueda tomar licencia para ocuparse en caso de enfermedad”.
Desde el marco legal, este planteo resulta fundamental, ya que existe un vacío en relación con las licencias para el cuidado de animales, tanto en el ámbito público como privado, considerando que el vínculo afectivo trasciende ese tipo de distinciones.
Además de las licencias, el proyecto busca generar conciencia a través de la educación. “Es fundamental trabajar en valores como la empatía y la responsabilidad. Tener un animal implica un compromiso”, remarcó. En este sentido, también destacó experiencias que demuestran los beneficios de la convivencia con animales, como la reducción del estrés en estudiantes y la mejora en los procesos de aprendizaje.
Finalmente, Luna subrayó que la iniciativa apunta a promover un cambio cultural más amplio frente a problemáticas como el abandono, la falta de conciencia sobre la castración y la superpoblación animal. “Esto impacta tanto en el bienestar y la salud del animal como en la salud pública. La educación es la herramienta más valiosa para generar estos cambios”, concluyó.

