En diálogo con el programa Mañana Fantástica, las psicólogas infantojuveniles Paula Palavecino y Maia Gelid reflexionaron sobre el maltrato infantil, tomando como punto de partida el caso Ángel, un niño de 4 años fallecido en Chubut, actualmente bajo investigación judicial.

Las especialistas coincidieron en que el maltrato no se limita a la violencia física, sino que abarca también formas psicológicas y situaciones de negligencia. “Es un espectro muy amplio que incluye tanto acciones como omisiones”, explicó Palavecino.
En ese sentido, advirtió que muchas veces los niños no logran expresar con palabras lo que les sucede. “Se comunican de múltiples maneras: con el cuerpo, el comportamiento o el silencio. Hay que aprender a leer esas señales”, sostuvo.
Por su parte, Gelid diferenció entre agresividad y violencia: “La agresividad es parte de lo humano, pero la violencia implica dañar al otro. Ahí hablamos de una gravedad mayor”. Además, remarcó que el maltrato suele darse en ámbitos donde el niño debería estar protegido, como el entorno familiar, aunque también puede aparecer en espacios externos como la escuela.
Respecto a las señales de alerta, ambas profesionales señalaron cambios de conducta, alteraciones en el sueño, temores, rechazo al contacto físico o evitación de ciertos vínculos. “Un niño que deja de querer ir a un lugar o ver a alguien está diciendo algo, y no siempre es un capricho”, subrayaron.
También hicieron hincapié en la importancia de escuchar activamente: “no es lo mismo oír que detenerse a escuchar. Muchas veces los adultos estamos más atentos a otras cosas y no registramos lo que le pasa al niño”, indicó Gelid, quien además cuestionó la mirada “adultocéntrica” de la sociedad actual.
Finalmente, advirtieron que el maltrato deja huellas profundas en el desarrollo emocional. “Son marcas que pueden influir en la vida adulta, en la forma de vincularse, en la autoestima y en la construcción de la identidad”.
“Creo que es importante que todos nos involucremos y que concienticemos que todos formamos parte del camino que el niño va encontrando. No siempre el amor y la responsabilidad y la ternura van a ser sentimientos y lugares que van a encontrar en la casa, no siempre lo van a encontrar en la escuela, y no hay que dar por hecho que si un niño está callado, si un niño no dice algo, eso no es sinónimo de que no le pasa nada. Eso no es sinónimo de que no está sufriendo, o no es sinónimo que no está necesitando algo. Aunque inclusive esté jugando, no podemos dar por hecho que es un niño que no tiene ninguna necesidad”.
“Entonces urge que miremos y que les demos tiempo. Porque solo a partir de donarles tiempo vamos a poder acercarnos a cuál es la realidad de ese niño. No es solo lo que miramos, hay que ir más allá de lo que está a simple vista. Por eso es importante que todos estos casos nos sirvan también de brújula de lo hostil que puede ser la realidad de un niño que desconocemos, pero que quizás hay algo que nos llama la atención. Entonces urge que nos impliquemos todos como ciudadanos”, concluyó.


