Con una trayectoria de casi cuatro décadas, el humorista santiagueño Pochi Chávez recordó sus primeros pasos en el mundo del espectáculo y repasó parte de la historia que lo llevó desde un pequeño paraje cercano a Quimilí a recorrer distintos escenarios de Argentina y otros países de América.

En diálogo con el programa Interior Santiagueño, Chávez contó que nació en un paraje ubicado a unos cinco kilómetros de Quimilí. Su nacimiento también quedó marcado por una particular coincidencia que suele recordar con humor: “He nacido el 5 de abril, a las 5 de la mañana, en un paraje que justamente se llama 5”, relató.
Su infancia transcurrió principalmente junto a sus abuelos. Según explicó, su madre trabajaba como niñera en Buenos Aires y, debido a sus obligaciones laborales, decidió dejarlo al cuidado de la familia durante sus primeros años.
También recordó el origen del apodo que lo acompañaría durante toda su vida. “Mi mamá trabajaba de niñera en Buenos Aires, era niñera de unos doctores y lo crió prácticamente a uno de sus hijos hasta los cnco años. El chiquito se llamaba Pochito. Y ella se prometió que el día que se case y si tenía un hijo varón me iba a llamar Pochi”, contó.
ANTES DEL HUMOR, EL FÚTBOL
Mucho antes de convertirse en humorista, Chávez tuvo otra pasión: el fútbol. Durante su adolescencia viajó a Buenos Aires para estudiar.
“Tenía 15, 16 años y me habían fichado para jugar en River”, recordó. La oportunidad surgió luego de participar en un campeonato en el que fue observado por representantes de distintos clubes.
Aunque finalmente no siguió ese camino profesional, Chávez lo recuerda como una de las tantas circunstancias que marcaron su vida.
EL HUMOR NACIÓ ENTRE COSECHAS Y PEÑAS
La llegada al humor tampoco fue algo que Chávez hubiera planeado desde niño. Según relató, sus primeras experiencias estuvieron vinculadas a las reuniones con amigos, las cosechas y las peñas, donde comenzó cantando y realizando algunas intervenciones que despertaban las risas del público.
“Estábamos cosechando con amigos. La primera vez cantábamos en las cosechas y después en peñas, por cantar nomás”, explicó.
En ese contexto comenzó a descubrir que tenía una facilidad especial para hacer reír. Las primeras reacciones del público fueron fundamentales para que se animara a continuar.
“Me motivaron los aplausos y todo. Es como una bendición de Dios”, afirmó.
A partir de allí, comenzó a preparar sus propios números humorísticos. En apenas unas semanas llegó a tener varios temas y descubrió que sus intervenciones humorísticas eran las que más disfrutaba el público.
CASI 40 AÑOS SOBRE LOS ESCENARIOS
Desde aquellas primeras presentaciones hasta la actualidad, Chávez acumula casi 40 años de trayectoria.
Uno de los momentos que recuerda especialmente fue su participación en una peña y festival en 1989, donde obtuvo un reconocimiento como revelación. A partir de entonces comenzó un proceso de crecimiento y profesionalización que lo llevó a consolidarse como uno de los humoristas santiagueños más reconocidos.
“Después fui perfeccionando, ya más profesional. Todo rápido, gracias a Dios, y fue un buen camino”, señaló.
Su particular manera de hablar, el ritmo y la capacidad para construir situaciones humorísticas se transformaron con el tiempo en algunas de las características que identifican su estilo.
SANTIAGO, ARGENTINA Y AMÉRICA
A lo largo de su carrera, Pochi Chávez recorrió numerosos escenarios, obtuvo tres disco de oro y llevó su humor más allá de Santiago del Estero. Si bien se presentó en distintos puntos del país, destacó especialmente sus experiencias en el exterior y señaló que Bolivia es uno de los lugares que más lo atrae.
Su historia comenzó lejos de los grandes escenarios, entre las costumbres de la vida rural, las cosechas y las peñas. Con el tiempo, aquella facilidad para hacer reír se convirtió en una profesión que lo acompañó durante casi cuatro décadas.
Para Chávez, el recorrido tiene una explicación que repite con convicción: “Para mí es una bendición de Dios”.
Hoy, instalado en La Banda, continúa ligado al humor y mantiene vivo el recuerdo de aquellos primeros años en Quimilí, donde comenzó una historia que terminaría llevándolo por distintos rincones de Argentina y América.


















