En diálogo con Mañana Fantástica, la abogada especialista en infancias, Dra. Romina Hunko, brindó un profundo análisis sobre la prevención del abuso infantil, las señales de alerta y la importancia del acompañamiento adulto en la protección de niñas, niños y adolescentes.

El sábado 25 de abril se llevó adelante una jornada reciente de prevención, donde según explicó que el trabajo se desarrolló en distintas etapas.“Hemos comenzado brindándole información a los niños sobre cuáles son las partes de su cuerpo. Lo hemos hecho a través de globos de colores: rojo, amarillo y verde. Les enseñamos que su cuerpo les pertenece y que las zonas privadas siempre son rojas”.
Luego, detalló el abordaje con adolescentes y adultos. “Explicamos por qué no hay que tocar el cuerpo de los niños y también algo de lo que no se habla: el abuso entre infantes”. En ese sentido, advirtió que muchas conductas pueden ser mal interpretadas: “Muchas veces el niño repite lo que vivió sin comprenderlo, y eso debe ser visto como una señal de alerta y no como una conducta a castigar”.
La especialista subrayó la importancia de la educación emocional y la comunicación: “Siempre les decimos a los niños que pidan ayuda y que existen secretos buenos y secretos malos. El abusador hace sentir culpable al niño, por eso es clave que sepan que hay adultos responsables que los van a proteger”.
En relación al rol de las familias, afirmó: “el abuso ocurre mayormente intrafamiliarmente. No debemos pensar ‘a mi hijo no le va a pasar’, sino enseñar reglas básicas y abrir canales de comunicación para que puedan contar lo que les sucede”.
Sobre las señales de alerta, Hunko explicó: “no hay señales específicas, pero sí cambios de conducta: bajo rendimiento escolar, tristeza prolongada, aislamiento o desregulación emocional sostenida. Cuando eso aparece, algo está pasando”. También advirtió sobre situaciones cotidianas: “Si un niño no quiere saludar a un familiar específico, no debe ser obligado. Hay que respetar su cuerpo y su percepción”.
Respecto a la edad para abordar estos temas, indicó que “se puede hablar desde los tres años, desde el autocuidado. A través del juego y los colores del semáforo los niños aprenden qué partes de su cuerpo son privadas y que nadie puede tocarlas”.
Finalmente, dejó un mensaje central para los adultos. “Ante una sospecha, lo primero es contener al niño, creerle y no juzgarlo. Muchas veces el adulto invalida lo que el niño dice y eso lo silencia”. Y agregó: “Hoy el celular se ha convertido en la niñera más económica, pero los niños necesitan presencia, cuidado y atención real”.