En una nueva columna en el programa Mañana Fantástica, el columnista Enrique Hisse y el licenciado en Filosofía Guillermo Martínez analizaron el fenómeno de una sociedad cada vez más fragmentada, desorganizada y desconectada.

En ese sentido, Enrique Hisse planteó el eje de la conversación: “Sociedad fragmentada, ¿qué pasa cuando estamos desorganizados y desconectados? ¿Cuándo comenzaron a romperse los lazos sociales? ¿Hubo un hecho o un momento en la historia donde esto se dio?”
En su análisis, el columnista describió un escenario actual marcado por el individualismo y la pérdida de espacios comunes: “Estamos viviendo en un mundo que cada vez más pierde solidaridad, se vuelve más individualista, más competitivo, pierde los espacios comunes de interconexión”.
A partir de allí, el licenciado Guillermo Martínez propuso una mirada histórica y conceptual, vinculando el debate con procesos sociales profundos. “Creo que pensar a 50 años la última dictadura cívico-militar es importante porque ahí tenemos un hito, un momento, acontecimiento en el cual se ha producido ese mecanismo destructor de los lazos sociales”, explicó.
El filósofo amplió su análisis al señalar que existen investigaciones que abordan la dimensión estructural de ese quiebre social: “la última dictadura implementó un proceso que no solo buscaba eliminar un enemigo, sino transformar a toda la sociedad argentina, reorganizando los lazos sociales”.
En ese sentido, Martínez hizo referencia a estudios académicos y autores como Daniel Feierstein e Inés Izaguirre, quienes estudió descriptivamente la identidad de los desaparecidos en la Argentina, haciendo hincapié en que la mayoría de las víctimas directas eran persona que cumplían el rol de los llamados “articuladores sociales” dentro de las comunidades: militantes, referentes barriales, estudiantiles y gremiales que generaban organización colectiva.
“Estos espacios de articulación social permiten generar identidad, organización y también antagonismos frente al poder. Por eso son percibidos como una amenaza en determinados contextos históricos”, sostuvo.
El intercambio entre Hisse y Martínez dejó planteado enfatizaron en que los articuladores sociales son quienes transforman los espacios de subordinación en espacios de subjetivación, es decir, de construcción de identidad. Pero también son quienes permiten la conformación de antagonismos, entendidos como la identificación de un “otro” o un poder frente al cual organizarse o disputar. En ese sentido, su rol consiste en otorgar coherencia al discurso, a la lucha, a la identidad y a la acción colectiva de los sujetos, dotándolos de sentido y capacidad de organización.
















