En el marco del programa La Hora de las Mascotas, los médicos veterinarios Matías Lucca y Jimena Massi abordaron una de las situaciones más complejas que atraviesan los tutores de animales: la decisión de recurrir a la eutanasia. Se trata de un momento atravesado por el dolor, la incertidumbre y la responsabilidad, en el que el acompañamiento profesional resulta clave.

Durante la entrevista, la doctora Massi destacó que el rol del veterinario no se limita únicamente al diagnóstico clínico, sino también al acompañamiento integral de la familia. “Siempre respetamos la decisión del tutor, pero evaluamos múltiples factores: el entorno del animal, quién lo cuida, su estado general y la calidad de vida que está teniendo”, explicó.
En esa línea, el doctor Lucca remarcó que la eutanasia no es una práctica que se realice de manera automática ni a simple pedido del propietario. “No es que el dueño decide y el veterinario ejecuta. Nosotros tenemos la responsabilidad de aceptar o no, según las condiciones. Es fundamental contar con un diagnóstico claro y confirmar que no existe tratamiento posible”, sostuvo.
Ambos profesionales coincidieron en que el eje central de la decisión debe ser siempre el bienestar del animal. Para ello, se consideran no solo aspectos médicos, sino también variables sociales y económicas que pueden influir en el cuidado de una mascota con enfermedades crónicas o terminales. “Si el animal va a continuar sufriendo por falta de cuidados o imposibilidad de tratamiento, hay que evaluar todas las alternativas disponibles”, agregó Lucca.
Asimismo, el veterinario reconoció que, pese a la formación profesional, este tipo de intervenciones también impacta emocionalmente en quienes las llevan adelante. “Uno intenta no involucrarse, pero es imposible. Acompañar a una familia en ese momento transmite mucha tristeza”, expresó.
Por otro lado, se subrayó la importancia de una comunicación clara y empática con los tutores. En muchos casos, los términos médicos generan confusión, por lo que es fundamental explicar de manera sencilla el cuadro clínico y su evolución. “El tutor necesita comprender por qué una situación es irreversible para poder tomar una decisión informada”, indicaron.
En cuanto al vínculo con los propietarios, ambos especialistas coincidieron en la necesidad de evitar juicios o reproches. “El veterinario no está para retar, sino para educar. Muchas personas llegan con culpa, y sumarles más presión no ayuda. Nuestro trabajo es orientar para que no se repitan errores”, afirmó Lucca.
Asimismo, destacaron el valor de contar con un veterinario de cabecera que acompañe a la mascota a lo largo de toda su vida, desde sus primeras vacunas hasta la vejez. Este seguimiento permite no solo prevenir enfermedades, sino también mejorar la calidad de vida en etapas avanzadas y afrontar con mayor contención decisiones difíciles.
La eutanasia, coincidieron, no debe entenderse como una elección apresurada, sino como un recurso extremo que, en determinados casos, busca evitar el sufrimiento del animal. En ese proceso, el diálogo, la empatía y el criterio profesional resultan fundamentales.
EL PROCESO DE EUTANASIA: CLARIDAD PARA LOS TUTORES ANTE LAS CONFUSIONES
Uno de los puntos en los que más énfasis hicieron los profesionales fue la necesidad de explicar con claridad cómo se realiza el procedimiento, ya que —según señalaron— es habitual que existan dudas y conceptos erróneos entre los tutores.
El doctor Lucca detalló que la eutanasia es un acto médico regulado que requiere el consentimiento formal del propietario. “Se confecciona un acta o autorización de eutanasia donde se deja constancia del diagnóstico —que debe ser irreversible— y las observaciones correspondientes. Ese documento es firmado por el tutor y habilita el procedimiento”, explicó.
En relación al proceso en sí, indicó que se trata de una práctica controlada cuyo objetivo principal es evitar el sufrimiento del animal. “Primero se realiza una anestesia para que el paciente esté completamente dormido, sin dolor. Luego se administra un fármaco específico, diseñado exclusivamente para este fin, que induce a un sueño más profundo que la anestesia y, en pocos segundos, provoca un paro cardiorrespiratorio”, precisó.
El veterinario remarcó que no cualquier medicamento es apto para este procedimiento, ya que existen normativas que regulan cuáles son los fármacos autorizados. Además, advirtió que su manipulación implica riesgos. “Son drogas de uso exclusivo profesional. No pueden venderse al público ni utilizarse fuera del ámbito veterinario, porque pueden ser peligrosas incluso para las personas”, sostuvo.
En ese sentido, enfatizó que la eutanasia debe ser realizada únicamente por un veterinario, quien es el responsable de evaluar el estado del animal, determinar el momento adecuado y constatar el fallecimiento. “No solo se trata del paciente, sino también del manejo correcto del procedimiento y de los medicamentos”, agregó.
Además, Lucca reflexionó sobre el sentido de esta práctica dentro de la medicina veterinaria: “La eutanasia, bien realizada, es una herramienta para evitar el sufrimiento. Es un acto de responsabilidad y cuidado cuando ya no hay posibilidades”.
De esta manera, los especialistas remarcaron que la información, el acompañamiento profesional y el diálogo son fundamentales para transitar este proceso con mayor claridad y contención.


