La docente e historiadora Fernanda Gil Lozano reflexionó sobre la importancia del 39.º Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersexuales, Bisexuales y No Binaries, realizado del 10 al 12 de octubre en Córdoba, donde más de 150 mil personas participaron de jornadas de debate e intercambio sobre violencia de género, derechos laborales y políticas públicas.
El encuentro, que contó con 99 talleres, volvió a consolidarse como un espacio de construcción colectiva, en el que mujeres y diversidades de distintas provincias compartieron experiencias, debatieron problemáticas sociales y formularon demandas vinculadas con la ampliación de derechos. Durante el acto de cierre, se anunció a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como sede de la próxima edición, prevista para 2027.
En sus declaraciones, Gil Lozano destacó la trayectoria histórica de estos encuentros, que comenzaron en 1986 y, a lo largo de cuatro décadas, se convirtieron en una experiencia de organización y participación social de alcance internacional. También se refirió a los cambios en la denominación y la incorporación de nuevas identidades y perspectivas dentro del movimiento.
Aunque reconoció tener algunas diferencias con el nuevo nombre, manifestó su apoyo a la continuidad del espacio y a la inclusión de otras corrientes feministas. En ese sentido, sostuvo que es necesario reconocer las transformaciones generacionales y aceptar la convivencia de distintas miradas.
Un espacio que impulsó debates y amplió derechos
La historiadora subrayó que uno de los principales aportes de estos encuentros es la posibilidad de transformar experiencias individuales en discusiones colectivas. A lo largo de los años, temas como la violencia dentro de las parejas, la distribución desigual de las tareas domésticas, las brechas salariales, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la discriminación por identidad de género comenzaron a ocupar un lugar central en la agenda pública.
Según planteó, estos debates contribuyeron a cuestionar situaciones que durante mucho tiempo fueron consideradas asuntos privados y permitieron instalar demandas que posteriormente se tradujeron en avances legislativos y ampliaciones de derechos.
Para Gil Lozano, el cambio cultural promovido por estas jornadas constituye una de las transformaciones significativas de la democracia, porque interpela al conjunto de la sociedad y obliga a revisar prácticas, responsabilidades y desigualdades históricas.
Violencia de género: el reclamo por respuestas concretas del Estado
Otro de los puntos centrales de sus declaraciones fue la necesidad de fortalecer las respuestas frente a la violencia de género. La entrevistada cuestionó que estas situaciones todavía sean tratadas, en ocasiones, como problemas privados y planteó la importancia de actuar antes de que la violencia termine en un femicidio.
“¿Por qué tenemos que esperar a que una mujer esté muerta?”, preguntó al reclamar que las leyes existentes se traduzcan en políticas efectivas de prevención y protección.
Asimismo, advirtió sobre la responsabilidad de los gobiernos, independientemente de su orientación política, en la garantía de los derechos reconocidos legalmente. También puso el foco en la insuficiencia de recursos y en las dificultades que enfrentan las víctimas para obtener respuestas oportunas de la Justicia y de los organismos encargados de protegerlas.
En esa línea, consideró que estas discusiones no deberían quedar limitadas al movimiento feminista, sino formar parte de la agenda de todo el arco político.
La desigualdad económica y la distribución de las tareas de cuidado
Gil Lozano también vinculó las desigualdades de género con las condiciones económicas y laborales. Señaló que muchas mujeres trabajan fuera de sus hogares y, al regresar, deben asumir prácticamente en soledad las tareas domésticas y el cuidado de sus hijos, de sus padres y de otros familiares.
A esta situación se suman las dificultades de quienes trabajan en la informalidad, no cuentan con ingresos estables o no consiguen acceder a espacios de cuidado para sus hijos. Estas condiciones, explicó, no representan únicamente problemas individuales, sino que responden a factores sociales y económicos que restringen la autonomía de las mujeres.
Frente a este escenario, defendió la necesidad de reconocer el cuidado como una responsabilidad colectiva y no como una obligación naturalmente asignada a las mujeres.
La docente e historiadora remarcó que la maternidad y la capacidad de cuidar no pueden utilizarse como argumentos para trasladar exclusivamente a las mujeres las responsabilidades familiares y sociales.
La importancia de visibilizar los debates del encuentro
Por último, Gil Lozano cuestionó el tratamiento mediático que suelen recibir estas convocatorias y señaló que la cobertura muchas veces se concentra en los incidentes que pueden producirse durante las movilizaciones de cierre, mientras quedan relegados los debates desarrollados en los talleres.
A su entender, esta mirada parcial impide conocer la profundidad de las discusiones y las demandas que se construyen durante las jornadas. Por eso, destacó la importancia de recuperar el contenido de los encuentros, sus reflexiones y sus propuestas, en lugar de reducirlos a las imágenes de los momentos finales.
El encuentro realizado en Córdoba volvió a poner en el centro de la discusión la violencia de género, las desigualdades económicas, las tareas de cuidado y el papel del Estado en la garantía de derechos. Con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires confirmada como próxima sede, el movimiento se prepara para una nueva edición en 2027, con el desafío de sostener estos debates y convertir sus demandas en respuestas concretas.




