En el marco de su columna semanal en Mañana Fantástica, el especialista Enrique Hisse abordó la relación entre creencias y evidencias, y planteó un interrogante central: cuánto de lo que las personas consideran verdad responde efectivamente a hechos comprobables y cuánto se vincula con construcciones que brindan tranquilidad.

“Siempre hay un problema entre la evidencia y lo que creemos, porque lo que creemos no es algo que vos lo ves y que lo puedes tocar o palpar, sino simplemente es una especie de adhesión”, explicó. En contraposición, señaló que “la evidencia es algo evidente no necesita demostración, es una verdad inapelable, en cambio la creencia no”.
En ese sentido, Hisse remarcó la diferencia entre ambos conceptos y sostuvo que “hay justamente problemas entre lo que es la evidencia de una verdad y lo que es creer que algo es verdad”.
Durante su análisis, también hizo referencia a los conflictos internos que surgen cuando las creencias entran en contradicción con datos concretos. “Uno cree algunas cosas, pero tiene algunos datos que cuestionan la creencia, y hay como una especie de disonancia que se arma en la mente”, indicó.
Para graficarlo, expuso un ejemplo cotidiano: “Yo soy una persona inteligente y sé y creo que fumar hace mal, pero fumo. Y ahí hay una especie de disonancia entre lo que yo creo, lo que se ve y lo que hago”.
Según explicó, frente a estas tensiones, las personas suelen activar distintos mecanismos para recuperar coherencia interna: modificar la conducta, cambiar la creencia o justificar la contradicción. “No, fumar no hace tanto mal” o “yo fumo poco”, ejemplificó, como formas de sostener una lógica interna pese a la evidencia.
Finalmente, el especialista dejó planteado el eje de reflexión sobre cómo muchas veces las creencias pueden funcionar más como herramientas de equilibrio personal que como reflejo fiel de la realidad objetiva.

