La historiografía contemporánea dejó de pensar la infancia como una experiencia única y propone abordarla en plural, como una categoría que permite analizar las desigualdades, los afectos, el rol del Estado y la participación activa de niños y niñas en los procesos históricos.

En vísperas del Día de las Infancias, la licenciada en Historia Victoria Albagallo, integrante de un grupo de estudios de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), reflexionó sobre el desarrollo de los estudios históricos sobre la niñez y destacó la importancia de considerar a niños y niñas como sujetos históricos activos, capaces de aportar nuevas miradas sobre los procesos sociales, políticos y culturales.
Durante una entrevista en Mañana Fantástica, Albagallo señaló que la historia de las infancias es un campo relativamente reciente, que comenzó a consolidarse a partir de la década de 1960 con los aportes del historiador francés Philippe Ariès, quien impulsó una pregunta que continúa siendo central para la investigación: si las infancias fueron vividas de la misma manera a lo largo del tiempo.
“Desde la historia comenzamos, no hace mucho tiempo y sobre todo aquí en la provincia, a abordar a las infancias como sujetos históricos. Ya no hablamos de niños en singular, sino de infancias en plural, porque es una categoría de análisis mucho más compleja y rica para comprender la diversidad de experiencias que han transitado en distintas sociedades”, explicó.
La investigadora sostuvo que ese cambio de perspectiva permite analizar cómo el tiempo y el espacio condicionaron las experiencias infantiles, y cómo las condiciones familiares, sociales, económicas y políticas moldearon diferentes formas de vivir la niñez.
“Las investigaciones muestran que no todas las infancias fueron iguales. El espacio y el tiempo condicionaron muchísimo las experiencias de esos niños y niñas”, afirmó.
Qué significa estudiar las infancias
Para Albagallo, el estudio histórico de las infancias no se limita a describir cómo vivían los niños, sino que permite formular nuevas preguntas sobre el pasado: qué significaba ser niño en cada época, cómo eran educados, qué trabajos realizaban, qué derechos tenían y cómo eran vistos por los adultos.
“Analizar las experiencias infantiles significa también estudiar al Estado, la familia, la violencia, los afectos, las desigualdades y los proyectos de futuro que cada sociedad depositaba en sus niños”, señaló.
En ese sentido, explicó que cada época construye una idea particular de la infancia y proyecta sobre ella un determinado futuro. Esa construcción, dijo, es el resultado de disputas entre distintos actores sociales.
“Desde el Estado, que ejerce la tutela; desde la familia, que transmite formas de crianza; desde la escuela, que establece normas; y desde la medicina, que define parámetros sobre una niñez saludable, se disputan diferentes modelos de infancia. En realidad, lo que se está disputando es un proyecto de futuro”, indicó.
Un campo de investigación en crecimiento
La historiadora remarcó que los estudios sobre las infancias han crecido significativamente en Latinoamérica, con investigaciones que buscan recuperar las experiencias de niños y niñas en contextos de desigualdad, conflictos sociales y procesos políticos complejos.
“La idea no es simplemente incorporar a los niños a la historia que ya conocemos, sino problematizar los procesos históricos a partir de sus experiencias y generar nuevos conocimientos”, sostuvo.
También explicó que la investigación histórica trabaja sobre espacios y tiempos específicos, ya que no es posible estudiar la infancia de manera general.
“La historia siempre necesita problematizar una franja etaria en un espacio y un tiempo determinados. Muchas veces las respuestas siguen estando en las mismas fuentes; lo que cambian son las preguntas que les hacemos”, afirmó.
La agencia infantil y el desafío de escuchar sus voces
Uno de los conceptos centrales de este campo es el de agencia infantil, que busca reconocer la capacidad de niños y niñas para actuar e intervenir en los contextos históricos que les tocó vivir.
Albagallo explicó que uno de los principales desafíos metodológicos consiste en reconstruir esas experiencias a partir de fuentes producidas por adultos, como documentos judiciales, escolares, administrativos o memorias.
“La historia de las infancias propone no solo estudiar cómo los adultos pensaban a los niños, sino también cómo ellos actuaban, respondían y participaban en sus contextos históricos. El desafío es escuchar sus voces a través de fuentes que, en su mayoría, están mediadas por adultos”, explicó.
Esa reconstrucción, agregó, requiere una lectura crítica de las fuentes, ya que incluso los testimonios de memorias infantiles están atravesados por la mirada del presente.
“El historiador tiene que tener siempre ese recaudo metodológico: las fuentes están mediadas, pero eso no significa que las voces de los niños no puedan ser recuperadas”, concluyó.
Para la investigadora, estudiar las infancias desde la historia permite comprender no solo cómo vivieron niños y niñas en el pasado, sino también cómo las sociedades construyeron sus ideas sobre la niñez, la protección, los derechos y el futuro, una reflexión que considera especialmente vigente en el contexto actual.
LAS INFANCIAS EN LA HISTORIA: UNA MIRADA DESDE SANTIAGO DEL ESTERO
¿QUÉ PUEDE APORTAR SANTIAGO DEL ESTERO AL ESTUDIO HISTÓRICO DE LAS INFANCIAS?
La licenciada Alba gallo, destacó que la provincia representa un campo fértil para el desarrollo de investigaciones sobre la historia de las infancias, una perspectiva que también está creciendo a nivel latinoamericano y nacional.
“Ese campo le permite a la provincia aportar muchísimo. Es un campo fértil a nivel latinoamericano, nacional y mucho más a nivel local”, explicó.
En ese sentido, mencionó el trabajo de la investigadora María Olivera sobre la presencia afrodescendiente en Santiago del Estero. A partir de esa investigación, explicó que aparecen en documentos judiciales del siglo XVIII relatos vinculados con niñas que habían sido esclavizadas y consideradas objetos de compra y venta.
“En esos documentos judiciales del siglo XVIII aparecen relatos sobre niñas que han sido esclavizadas y que han sido consideradas como objeto de compra y venta”, señaló Albagallo.
Para la docente, estos registros permiten formular nuevas preguntas sobre las experiencias de las infancias en distintos períodos históricos de la provincia. “Lo importante es empezar a problematizar y a generar otras preguntas a esos documentos”, sostuvo.
En ese proceso, explicó, no alcanza solamente con identificar que existía la compra y venta de personas esclavizadas, sino que es necesario profundizar en las circunstancias y relaciones que se encontraban detrás de esos hechos.
“Si voy a esos documentos judiciales en donde María se referencia a niñas que han sido objeto de compra y venta, puedo problematizar y preguntar si las compraban o vendían, o cómo era el negocio. Y empieza a salir un análisis histórico”, ejemplificó.
Albagallo remarcó además que el objetivo no es estudiar la historia de las infancias santiagueñas como una categoría secundaria, sino generar conocimientos que puedan contribuir a investigaciones más amplias.
“La idea no es analizar la historia de las infancias de la provincia en categoría menor, sino aportar”, afirmó. En esa línea, sostuvo que las investigaciones locales pueden abrir nuevas problemáticas que no necesariamente fueron abordadas en otras regiones y, de ese modo, realizar aportes tanto a la historia nacional como a la historia de Santiago del Estero.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE ESTUDIAR LA HISTORIA DE LAS INFANCIAS?
La licenciada consideró que estudiar las infancias permite, en primer lugar, visibilizar a un sujeto histórico que durante mucho tiempo no estuvo presente en la agenda de los historiadores.
“Primero, visibilizar un sujeto histórico que no ha estado en la agenda de los historiadores mucho tiempo, dar un poco de visibilidad, de conocimiento”, explicó.
Pero además, señaló que esta perspectiva permite profundizar el análisis de otros fenómenos sociales. Entre ellos mencionó la violencia, las desigualdades, las relaciones de poder y los afectos.
“También permite complejizar otros temas, como la violencia”, sostuvo Albagallo, y explicó que analizar estos fenómenos desde la historia de las infancias permite observar aspectos que pueden quedar ocultos cuando se los estudia de manera general.
En este sentido, destacó la posibilidad de analizar las relaciones desiguales de poder, las desigualdades y los afectos a partir de las experiencias de niños y niñas en diferentes contextos históricos.
Finalmente, se refirió a un concepto que comienza a incorporarse con mayor fuerza en las ciencias sociales y en la historia: el “giro afectivo” o “giro emocional”.
“Es empezar a analizar las emociones como productoras, no solamente de sentimientos, sino que llevan a actos concretos”, explicó.
Según Albagallo, esas acciones vinculadas con las emociones no pueden analizarse de manera aislada, ya que también se relacionan con estructuras sociales, políticas y económicas.
De esta manera, el estudio histórico de las infancias no solo permite conocer cómo vivieron los niños y niñas en el pasado, sino también comprender con mayor profundidad las estructuras y relaciones que dieron forma a cada sociedad.

