El desarrollador de emprendedores Guillermo Marzo aseguró que uno de los mayores desafíos de quienes inician un proyecto no está únicamente en el mercado o en el contexto económico, sino en la forma en que gestionan sus propias emociones. En ese sentido, sostuvo que “la cabeza puede convertirse en el mejor socio o en el peor enemigo” de un emprendedor.

Durante una nueva edición del ciclo “Emprender es Posible”, explicó que emprender implica convivir con la incertidumbre y que, frente a ese escenario, aparecen emociones como el miedo, la frustración y la comparación con los demás. “El verdadero problema no es sentir esas emociones, sino dejar que sean ellas las que tomen las decisiones”, afirmó.
Marzo remarcó que el miedo es una sensación natural y que la diferencia entre quienes logran avanzar y quienes abandonan radica en la capacidad de actuar a pesar de él. “La confianza no aparece antes de actuar; se construye después de haber dado muchos pasos”, señaló.
También hizo referencia a la frustración que generan los resultados adversos y advirtió sobre el riesgo de confundir un fracaso puntual con el valor personal. “Una estrategia puede no funcionar, pero eso no significa que la persona no sirva para emprender. Cada error deja un aprendizaje”, expresó.
Otro de los aspectos abordados fue la comparación constante con otros emprendimientos, especialmente a través de las redes sociales. Según indicó, muchas personas observan únicamente los logros ajenos sin conocer el esfuerzo, el tiempo y las dificultades que hubo detrás. “Compararse permanentemente genera ansiedad y paraliza. En cambio, comparar para aprender permite crecer”, explicó.
Como herramientas para fortalecer la inteligencia emocional, recomendó llevar un diario donde cada día se registren los logros, los aprendizajes y los aspectos por mejorar; evitar tomar decisiones importantes en momentos de enojo o angustia, aplicando la “regla de las 24 horas”; y rodearse de otros emprendedores para compartir experiencias y encontrar apoyo.
Finalmente, Guillermo Marzo sostuvo que el éxito de un negocio no depende solamente de saber vender o administrar recursos, sino también de la capacidad de gestionarse a uno mismo. “El primer negocio que tenemos que aprender a dirigir somos nosotros mismos. Si aprendemos a manejar el miedo, la frustración y dejamos de compararnos, estaremos mucho más preparados para sostener cualquier emprendimiento”, concluyó.

