En diálogo con el programa Mañana Fantástica, la médica Eugenia Gauna, directora médica adjunta del Centro Provincial de Salud Infantil (CEPSI), alertó sobre el aumento del riesgo de intoxicaciones por monóxido de carbono durante la temporada invernal, un gas “invisible y sin olor” que puede resultar mortal.
“Cuando bajan las temperaturas, muchas personas recurren a distintos métodos para calefaccionar el hogar, como hornallas, hornos o braseros. El problema es que el monóxido de carbono es un gas silencioso que puede provocar una depresión del sistema nervioso sin que la persona lo note”, explicó la profesional.

En ese sentido, Gauna advirtió que la exposición a este gas puede generar síntomas como dolor de cabeza intenso, náuseas, vómitos y desorientación. “La persona tiende a dormirse y, en casos extremos, puede sufrir un paro respiratorio”, señaló.
Ante la aparición de estos síntomas, la especialista remarcó la importancia de actuar con rapidez. “Lo primero es salir al exterior y acudir de inmediato a una guardia médica. El tratamiento es la administración de oxígeno, que permite eliminar el monóxido del organismo”.
Asimismo, desmintió la creencia de que este tipo de intoxicaciones afecta únicamente a sectores vulnerables. “Es un concepto erróneo. Hemos visto casos en distintos ámbitos. Puede ocurrirle a cualquier persona”, subrayó.
En cuanto a las fuentes más comunes de riesgo, mencionó artefactos domésticos como cocinas, hornos y braseros, especialmente cuando presentan fallas o se utilizan de manera inadecuada.
Además, hizo hincapié en la importancia de brindar información precisa al personal de salud. “Si una persona llega con vómitos o dolor de cabeza pero no menciona que estuvo expuesta a un brasero o a gas, se puede perder tiempo valioso en el diagnóstico”, explicó.
Entre las principales recomendaciones, Gauna enfatizó: evitar el uso de hornallas y hornos como calefacción, utilizar el brasero solo para calentar el ambiente y retirarlo antes de dormir, y mantener los espacios ventilados.
Finalmente, advirtió que los grupos más vulnerables son los niños, adultos mayores y personas con movilidad reducida. “En el caso de los bebés, por ejemplo, el llanto es una señal de alerta, pero si están expuestos al monóxido, pueden no manifestarse. Por eso es fundamental extremar los cuidados”, concluyó.


