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BOCA NECESITA ROMPER CON EL DOBLE 9 PARA RECUPERAR EQUILIBRIO

Boca llega a la semifinal del Torneo Clausura ante Racing con un presente sólido y una racha que devolvió confianza, identidad y orden. La influencia de Paredes en el mediocampo y los ajustes tácticos de Úbeda permitieron cerrar filas, recuperar autoridad y sumar victorias consecutivas que cambiaron el ánimo del plantel y del hincha. Pero este buen momento no debe tapar las señales de alerta que vienen apareciendo.

Los partidos contra Talleres y Argentinos dejaron expuesto un problema que se repite: la mitad de la cancha pierde el control cuando el rival presiona alto y logra superioridad numérica. En ambos encuentros, Boca fue superado en intensidad y en manejo territorial. Los cordobeses no lo reflejaron en el resultado por errores propios; Argentinos, en cambio, lo complicó durante largos pasajes del juego. El mensaje es claro: sin reacción ni ajustes, los riesgos se multiplican.

El punto crítico está en el ataque. La dupla de Milton Giménez y Merentiel —que nació para sostener a Cavani entre los titulares— dejó de ser tan determinante. Aunque los números del torneo los respaldan (son los dos máximos goleadores del equipo), su incidencia bajó y el equipo perdió equilibrio. Giménez atraviesa su período más irregular, y Merentiel, aun siendo importante, ya no marca diferencias como antes.

Úbeda lo había anticipado: era necesario reforzar el mediocampo. Sin embargo, las soluciones aún no aparecen del todo claras. Ander Herrera surge como la opción más lógica por jerarquía, aunque su físico genera dudas. Battaglia aparece como alternativa más conservadora, y Zenón como una posibilidad más ofensiva si recupera su nivel. Cualquiera de estas variantes también permitiría que Zeballos juegue más libre y más cerca del área, donde mejor rinde.

Boca necesita una identidad que se imponga independientemente del rival. Racing no suele plantear la presión alta que complicó a los últimos adversarios, pero eso no quita la urgencia de fortalecer una idea propia, equilibrada, que permita dominar desde la mitad de la cancha. El semestre demuestra que el equipo pasó de su peor racha histórica a un renacer futbolístico, pero el margen de error sigue siendo mínimo.

Quedan dos escalones para volver a pelear por títulos y cerrar el año con otra final en el horizonte. Después vendrá el tiempo de pensar en refuerzos y en la Copa Libertadores, donde Boca volverá tras dos temporadas afuera. Para llegar más fuerte, el cambio es inevitable: el ciclo del doble 9 parece haber cumplido su etapa.

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