El médico psiquiatra Dr. Gastón Noriega analizó el impacto que tiene el estrés sostenido sobre la salud mental y física y advirtió sobre la tendencia a naturalizar situaciones de malestar cotidiano. En diálogo con “Mañana Fantástica”, explicó que la capacidad de adaptación frente a las adversidades puede ser una herramienta positiva, pero también puede convertirse en un problema cuando lleva a tolerar de manera indefinida situaciones que afectan el bienestar.
Bajo el eje “Vivir en alerta: cuando el malestar se vuelve normal”, Noriega señaló que las personas pueden acostumbrarse progresivamente a vivir bajo tensión hasta dejar de reconocer las señales que indican que algo no está funcionando bien.
“Los argentinos tenemos una capacidad muy destacada para adaptarnos a las adversidades, pero muchas veces eso convive con nuestro bienestar en general”, sostuvo el especialista.
En ese sentido, aclaró que adaptarse no necesariamente significa que una persona esté atravesando una situación saludable. El problema aparece cuando se comienza a tolerar de manera crónica el estrés y se pierde la capacidad de registrar las señales de alerta.
CUANDO EL ESTRÉS COMIENZA A MANIFESTARSE EN EL CUERPO
Noriega explicó que el estrés sostenido no necesariamente se manifiesta únicamente a través de emociones como tristeza, nerviosismo, irritabilidad o angustia. También puede expresarse mediante diferentes síntomas físicos.
Entre ellos mencionó problemas digestivos, dificultades para dormir, contracturas musculares, dolores de cuello y espalda, aumento de la presión arterial y una mayor predisposición a determinadas enfermedades, además de problemas respiratorios o alergias.
El especialista señaló que muchas veces esas señales son naturalizadas y la persona continúa con su rutina sin detenerse a analizar qué está ocurriendo.
“Por un lado es un buen valor tener cierta tolerancia a la frustración, pero no es bueno tolerar la frustración de manera indefinida”, explicó.
Para Noriega, reconocer esas señales permite intervenir antes de que el malestar se profundice. El objetivo, sostuvo, es identificar cuándo es necesario realizar cambios y no esperar a que aparezca una manifestación de mayor gravedad para tomar conciencia de la situación.
LA “LUCECITA” DE ALERTA
Para explicar cómo las personas pueden acostumbrarse al malestar, el psiquiatra utilizó una comparación con un automóvil.
“Es como cuando uno va en el vehículo y siente y ve que se prende una lucecita de alarma y seguimos, total no pasa nada”, ejemplificó.
Según explicó, puede aparecer una primera señal, luego otra y, con el tiempo, esas señales pueden convertirse en parte del paisaje cotidiano y dejar de recibir atención y por ende deja de funcionar.
El problema surge cuando el organismo continúa funcionando bajo una situación de alerta permanente y llega un momento en el que las consecuencias se vuelven más importantes.
QUÉ SIGNIFICA VIVIR EN ALERTA
Noriega explicó que vivir en alerta desde el punto de vista de la salud mental implica permanecer constantemente atento al entorno, buscando posibles amenazas y manteniendo una actitud defensiva.
“Es estar constantemente vigilando todo nuestro entorno para ver de dónde viene, para ver de dónde nos pueden lastimar, estar a la defensiva todo el tiempo”, señaló.
El especialista explicó que esta respuesta tiene un costo para el organismo, porque requiere utilizar energía y recursos de manera permanente.
Ante una situación percibida como amenazante, el cuerpo activa mecanismos destinados a preparar a la persona para responder, ya sea enfrentando la situación o alejándose de ella. En ese proceso, explicó, se modifica la distribución de recursos del organismo y pueden disminuir temporalmente funciones como la digestión.
El problema aparece cuando esa respuesta, diseñada para situaciones puntuales, se mantiene durante períodos prolongados.
“Está preparado para escapar de un predador, por ejemplo, pero no para estar constantemente con el predador en la cabeza preparándonos para una hipotética lucha en algún momento”, explicó.
LA IMPORTANCIA DE LOS MOMENTOS DE DESCANSO
Frente a este escenario, el psiquiatra remarcó que el descanso y la recuperación son necesarios para sostener el bienestar.
Comparó el funcionamiento del organismo con un teléfono celular que necesita recargarse y con el ejercicio físico: realizar actividad puede ser beneficioso, pero también es necesario descansar, alimentarse e hidratarse para recuperarse.
“Si nosotros solamente estamos en actividad y no tenemos momentos para reponernos, como la carga del celular, entonces eso nos empieza a hacer mal”, sostuvo.
Por eso, planteó la importancia de generar momentos para descansar, relajarse y despejar la mente, especialmente cuando las preocupaciones continúan ocupando espacio incluso fuera del momento concreto en que se presenta el problema.
TRISTEZA Y DEPRESIÓN: NO SON LO MISMO
Durante la entrevista, Noriega también diferenció la tristeza, que forma parte de las emociones humanas normales, de la depresión clínica.
“La tristeza es algo que nos pasa cuando nos va mal en algo, cuando tenemos una pérdida, cuando de repente la realidad no se adapta a nuestras expectativas y nos sentimos mal”, explicó.
Según señaló, una persona que atraviesa tristeza puede continuar con diferentes aspectos de su vida y encontrar momentos de distracción, descanso o incluso alegría, aunque esté atravesando un momento doloroso.
En cambio, en la depresión clínica, el estado de ánimo deprimido puede mantenerse de manera persistente y comenzar a afectar diferentes áreas de la vida cotidiana.
El especialista mencionó posibles dificultades en el ámbito laboral, social y familiar, además de cambios relacionados con el sueño, la alimentación, la concentración y el deseo sexual.
También señaló que la depresión puede afectar las relaciones personales y el desempeño laboral, generando dificultades para concentrarse, ausencias al trabajo o conflictos con otras personas.
Noriega remarcó la importancia de prestar atención a la persistencia y al impacto de los síntomas, y señaló que los cuadros depresivos requieren evaluación y tratamiento profesional.
RECONOCER LAS SEÑALES ANTES DE QUE EL MALESTAR SE NATURALICE
Uno de los principales conceptos planteados por el psiquiatra fue la necesidad de recuperar el registro de aquello que ocurre tanto a nivel emocional como físico.
El hecho de poder adaptarse a situaciones difíciles puede resultar útil para atravesar determinados momentos, pero cuando esa adaptación implica convivir indefinidamente con el estrés, el cansancio, la irritabilidad o diferentes síntomas físicos, puede ser necesario detenerse y evaluar qué está sucediendo.
En este sentido, Noriega invitó a prestar atención a esas primeras “luces de alerta” y a no esperar a que el organismo manifieste consecuencias mayores para comenzar a realizar cambios.
La clave, según explicó, está en reconocer el malestar, identificar qué lo está provocando y buscar herramientas para modificar aquello que sea posible, en lugar de asumir que vivir permanentemente bajo tensión es una condición normal de la vida cotidiana.

