La referente de la asociación protectora de animales de Santiago del Estero repasó la historia de la institución, el trabajo articulado con la Municipalidad y las dificultades cotidianas para asistir a perros en situación de vulnerabilidad. También llamó a la comunidad a involucrarse y asumir un compromiso responsable con el bienestar animal.
Gabriela Mulki, de Bichos Asociación Protectora de Animales, visitó el programa La Hora de las Mascotas, donde compartió su experiencia en el proteccionismo animal, los orígenes de la organización y la tarea que llevan adelante para asistir a perros en situación de calle.
Durante la entrevista, explicó que su compromiso comenzó de manera independiente, cuando junto a su hermano se ocupaba de alimentar, cuidar y gestionar castraciones para los perros que habitaban en el centro de la ciudad. Con el tiempo, la necesidad de contar con un espacio físico para recuperar animales enfermos y cachorros la llevó a asumir un desafío que, según reconoció, terminó siendo mucho más grande de lo que imaginaba.
Así nació, alrededor de 2007, la asociación Masi Malta, que posteriormente dio lugar a Bichos en 2013, tras una reorganización interna.
Desde entonces, la institución sostiene una tarea permanente de rescate, recuperación y asistencia. Mulki señaló que el espacio tiene capacidad para albergar adecuadamente a unos 60 perros, aunque en distintos momentos llegaron a tener alrededor de 150, una situación que refleja la magnitud de la problemática y la demanda de atención.
UN TRABAJO QUE NO SE DETIENE
La referente destacó la importancia del trabajo articulado con la Municipalidad, con cuyos equipos realizan recorridas por los barrios para detectar animales enfermos, gestionar castraciones y brindar asistencia veterinaria.
Según explicó, las salidas conjuntas se realizan formalmente varias veces por semana, aunque las urgencias pueden surgir cualquier día y requieren respuestas permanentes.
Uno de los objetivos es recuperar a los animales y, cuando las condiciones lo permiten, devolverlos a sus barrios, donde puedan continuar su vida bajo el cuidado de los vecinos. Sin embargo, aquellos que presentan lesiones graves o discapacidades que les impiden regresar a su entorno necesitan otras alternativas, como encontrar una familia adoptiva.
Para Mulki, la adopción responsable es la mejor posibilidad para que los animales puedan vivir en un hogar y recibir el afecto y los cuidados que necesitan.
“La vida en un refugio entre tantos perros no es lo ideal”, expresó al referirse a las dificultades que enfrentan los animales que permanecen en estos espacios. También recordó las condiciones de vulnerabilidad que padecen muchos perros en la calle, expuestos al maltrato, al frío, al hambre y a la falta de agua, especialmente durante los días de altas temperaturas.
LA CASTRACIÓN Y LA EDUCACIÓN, EJES FUNDAMENTALES
Durante la charla, Mulki hizo hincapié en la necesidad de fortalecer la conciencia social sobre la tenencia responsable y la castración como herramientas fundamentales para evitar la reproducción descontrolada.
En ese sentido, remarcó que actualmente existen alternativas para acceder a estos procedimientos, tanto a través del programa municipal gratuito como de las opciones económicas que ofrece Bichos.
También cuestionó el abandono de animales y la práctica de dejar cachorros en cajas o en otros lugares esperando que alguien más se haga cargo.
La proteccionista sostuvo que las redes sociales han contribuido a visibilizar la problemática y a difundir información, pero consideró que es necesario avanzar más allá de las publicaciones y pasar a la acción.
“Todos podemos hacer algo”, fue uno de los mensajes centrales de la entrevista, en la que convocó a los vecinos a comprometerse con soluciones concretas.
CADA APORTE CUENTA
Otro de los aspectos que destacó fue la necesidad de comprender que las asociaciones protectoras no cuentan con una cantidad ilimitada de colaboradores ni con recursos suficientes para responder a todas las situaciones.
Según explicó, detrás de estas organizaciones suele haber grupos reducidos de personas que deben ocuparse diariamente de alimentar a los animales, limpiar los espacios, atender enfermedades y gestionar los recursos necesarios para sostener el funcionamiento de los refugios.
Por eso, invitó a la comunidad a colaborar de distintas maneras: ofrecer un hogar de tránsito, aportar alimento, realizar pequeñas contribuciones económicas para cubrir gastos veterinarios o ayudar a conseguir donaciones.
También valoró la colaboración de carnicerías que aportan restos de carne, un recurso que permite reforzar la alimentación de los animales en situación de calle y acompañar otras tareas de asistencia.
Mulki remarcó que incluso las contribuciones más pequeñas pueden tener un impacto importante cuando se suman a las de otras personas.
UNA TAREA COLECTIVA POR EL BIENESTAR ANIMAL
Hacia el final de la entrevista, la integrante de Bichos agradeció el acompañamiento de los equipos municipales y reconoció el trabajo de quienes participan diariamente en las tareas de asistencia y recuperación.
Su testimonio volvió a poner en primer plano una realidad que requiere continuidad, recursos y compromiso social: el cuidado de los animales en situación de vulnerabilidad.
La experiencia de Bichos demuestra que el proteccionismo no se limita al rescate, sino que también implica prevención, educación, atención veterinaria, castración y búsqueda de hogares responsables.
El mensaje de Gabriela Mulki fue claro: la solución no depende únicamente de las asociaciones, sino también de una comunidad dispuesta a involucrarse, prevenir el abandono y entender que cada animal merece una vida digna. “La castración y educación es la solución y que la comunidad se involucre”, sentenció.




