El profesor y artesano Alejandro Monte, oriundo de Garza, departamento Sarmiento, mantiene viva la tradición del trabajo artesanal en cuero, una actividad en la que confluyen la creatividad, las raíces familiares y la identidad cultural del interior santiagueño. A través de sus creaciones, transforma una materia prima vinculada a la vida rural en piezas únicas que reflejan años de aprendizaje, dedicación y pasión por el oficio.

En diálogo con el programa Interior Santiagueño, Monte recordó que su camino en la artesanía comenzó en 2002, cuando participó de una capacitación impulsada por técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el campo experimental La María, ubicado en la provincia de Santiago del Estero. Aquella experiencia le permitió conocer las técnicas del curtido artesanal y descubrir una actividad que, con el tiempo, se convertiría en una parte importante de su vida.

El primer desafío consistió en aprender a preparar el cuero de cabrito mediante un proceso que incluye el tratamiento con cal, la depilación, el curtido con taninos y el estacado del material. Una vez completadas esas etapas, llegó el momento de elaborar su primera pieza: una billetera. Ese trabajo inicial despertó su entusiasmo y marcó el comienzo de un recorrido que continúa hasta la actualidad.

El arte de transformar una materia prima en piezas únicas

La principal materia prima que utiliza Monte es el cuero caprino, un recurso que, según explicó, muchas veces termina desechándose a pesar de sus posibilidades de aprovechamiento. En ocasiones también trabaja con cuero vacuno, aunque su producción está centrada principalmente en el cuero de cabrito.

Para el artesano, cada pieza representa mucho más que un objeto utilitario. Detrás de su elaboración existe un proceso que requiere tiempo, conocimientos, esfuerzo y dedicación, cualidades que distinguen al trabajo manual de los productos fabricados industrialmente.

Entre sus creaciones se destacan las billeteras para hombres y mujeres, los bolsitos materos, los estuches para celulares, los llaveros, las pulseras trenzadas y los cinturones. También realiza productos personalizados a pedido, adaptándose a las necesidades y preferencias de cada cliente.

“Uno, a través de la artesanía, puede demostrar cómo es y cómo piensa”, expresó Monte al explicar qué significa para él desarrollar este oficio. En sus palabras se refleja una concepción del arte como una forma de expresión personal, en la que cada creación lleva una parte de la identidad de quien la realiza.

Una tradición que se construye en familia

El trabajo artesanal también tiene un fuerte componente familiar. Monte se encarga principalmente de las tareas de corte y armado, mientras que su esposa colabora con la costura. De esta manera, la producción se convierte en una actividad compartida, en la que ambos aportan sus conocimientos y habilidades.

La comercialización se realiza principalmente de manera directa, aunque las herramientas digitales también les permiten llegar a nuevos compradores. Sin embargo, el contacto personal continúa siendo fundamental para el artesano, que procura explicar el origen del material y el proceso que hay detrás de cada producto.

Poder contar que una pieza fue elaborada con cuero de cabrito proveniente de determinado lugar forma parte de la experiencia que busca transmitir a quienes adquieren sus trabajos. Para él, conocer esa historia permite comprender mejor el valor de lo artesanal.

El desafío de poner en valor el trabajo artesanal

Monte reconoció que uno de los principales desafíos del sector es lograr que las personas valoren económicamente el esfuerzo que demanda cada creación. En su experiencia en distintas ferias, recibió consultas y cuestionamientos sobre los precios de sus productos, una situación que refleja las diferencias entre la producción artesanal y la industrial.

El artesano consideró que todavía existe una deuda en el reconocimiento del verdadero valor de las piezas hechas a mano, especialmente frente a los productos industriales y las imitaciones que circulan en el mercado.

Cada artículo artesanal requiere un trabajo minucioso y un proceso de elaboración que no siempre resulta visible para el comprador. Por eso, destacó la importancia de transmitir los conocimientos que hay detrás de cada creación y de reconocer el tiempo, la dedicación y la experiencia que demanda este oficio.

Las raíces del campo, presentes en cada creación

La identidad de Alejandro Monte está profundamente ligada a sus orígenes. Nació y se crió en el paraje Pampa Muyoj, donde vivió de cerca las costumbres de la vida rural y la crianza de animales, especialmente de cabras, una actividad que formaba parte de la cotidianidad de su familia.

Esas experiencias de la infancia, junto con los recuerdos y las enseñanzas de sus familiares, constituyen una fuente de inspiración para sus artesanías. En sus trabajos permanecen presentes las vivencias del campo, los saberes transmitidos entre generaciones y una forma de vida que forma parte de la historia del interior santiagueño.

Aunque actualmente se desempeña como docente y reconoce que la artesanía representa una actividad complementaria a sus ingresos, Monte sostiene que este oficio puede convertirse en una alternativa para las familias rurales. Su propuesta consiste en aprovechar integralmente los recursos disponibles y generar valor agregado a partir de una materia prima que muchas veces no se utiliza.

En ese sentido, explicó que el propósito de impulsar la artesanía en cuero también estuvo vinculado a brindar nuevas oportunidades a quienes se dedican a la crianza de cabras, permitiéndoles diversificar sus actividades y encontrar otras posibilidades de producción.

Mucho más que un objeto: el valor de regalar una creación propia

El significado sentimental también ocupa un lugar importante en la trayectoria del artesano. Monte señaló que muchas de sus piezas adquieren un valor especial cuando son regaladas a amigos, familiares o personas cercanas. Una billetera, un cinturón o un llavero pueden convertirse así en una forma de expresar afecto y compartir una parte de su trabajo con los demás.

Entre sus recuerdos mencionó el vínculo con Fabio Caselli, un sacerdote italiano que fue párroco de la comunidad y que lo bautizó. Con el paso del tiempo, sus visitas y la posibilidad de compartir algunas de sus creaciones también se transformaron en experiencias significativas para el artesano.

La historia de Alejandro Monte demuestra que la artesanía en cuero es mucho más que una técnica de elaboración. Es una expresión de identidad, una herencia cultural y una manera de mantener vivas las tradiciones del interior santiagueño.

Desde Garza, sus manos convierten el cuero de cabrito en piezas que reúnen utilidad, creatividad y memoria. Cada creación lleva consigo una historia vinculada al campo, a la familia y a la pasión por un oficio que, a pesar de los desafíos, continúa encontrando en el trabajo artesanal una forma de expresión y permanencia.