En la antesala de un nuevo 2 de abril, fecha que convoca a la memoria colectiva de los argentinos, el veterano de guerra Manuel Linch, oriundo de Añatuya, compartió en diálogo con El Interior Santiagueño un testimonio profundo, cargado de emociones, recuerdos y verdades que aún resuenan con fuerza.

Linch evocó aquellos días de 1982 con una mezcla de orgullo y dolor. Recordó la emoción inicial al conocer la recuperación de las Islas Malvinas, un sentimiento que rápidamente dio paso a la incertidumbre y al deber. Tenía 20 años cuando fue convocado. Como tantos otros jóvenes, dejó atrás su vida para formar parte de un conflicto que marcaría su historia para siempre.
Integrante de la Fuerza Aérea Argentina, cumplió el servicio militra obligatorio en la escuela de aviación militar de Córdoba. Desde la preparación de armamento hasta el resguardo de los aviadores, su tarea fue fundamental en un escenario atravesado por el peligro constante. “Todos los momentos fueron difíciles”, resumió, aunque reconoció que uno de los más duros fue ver caer la bandera argentina en territorio que defendieron con coraje.

Carta a su madre
A más de cuatro décadas de la guerra, su testimonio no solo honra a quienes lucharon, sino que también interpela a la sociedad sobre la importancia de la memoria, el reconocimiento y el acompañamiento permanente a los veteranos.
Porque Malvinas no es solo historia: es una causa viva en la memoria de quienes la defendieron.
