La docente e historiadora Fernanda Gil Lozano expresó una mirada crítica sobre la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 y advirtió que el debate no debería centrarse únicamente en modificar los criterios de internación, sino también en la falta de inversión pública para garantizar tratamientos adecuados.
Durante su columna, recordó que la normativa sancionada en 2010 representó un cambio de paradigma al reconocer a las personas con padecimientos mentales como sujetos de derecho, priorizando su autonomía, la atención interdisciplinaria y los dispositivos comunitarios por sobre las internaciones prolongadas.
“Incorporó una perspectiva interdisciplinaria a la hora del tratamiento, reconociendo que los problemas de salud mental no se pueden explicar exclusivamente desde la medicina y la psiquiatría. Además reconoción que el sufrimiento psiquico tiene componente bilógicos, psicológicos, sociales, económicos, culturales e históricos. “El aporte de esta ley es fundamental; no se puede comprendeer la salud mental sepaándola de las condiciones en las que cualquier persona vive, por ejemplo; la pobreza, la violencia, la soledad, la falta de trabjao, la discriminación, etc”, explicó.
Asimismo, agregó que estableció que la internación debía ser como un recurso de último momento y que el tratamiento debía priorizar en todo caso el uso de los dispositivos comunitarios y un diágnostico psiquiátrico no significa que una persona sea peligrosa o haya perdido la capacidad de decidir”.
Gil Lozano reconoció que, después de 15 años, existen dificultades concretas en la implementación de la normativa, entre ellas la falta de profesionales, centros de atención comunitaria, camas adecuadas y recursos para acompañar a las personas que atraviesan situaciones de crisis.
Sin embargo, planteó que el interrogante central es si la solución pasa por flexibilizar las internaciones involuntarias o por fortalecer las políticas públicas que permitan garantizar una atención integral.
Lapregunta, planteó es ¿Cómo lo resolvemos?. La solución consiste en modificar los criterios para internar involuntariamente a una persona o debemos fortalecer y poner plata en todo lo que la ley prometio iba a ser?, ¿Qué propone ahora la reforma que se aprobó en el senado?. Esta ley se hace en el marco de un proceso de lo que llamaos desmanicomialización que son el mundo entero. Si hay una institución que ha fracasado son los manicomios, no curaron a nadie, han contenido y no siempre de la mejor forma”, adviritó .
En uno de los tramos más contundentes de su análisis, cuestionó las respuestas que reemplazan el tratamiento por el aislamiento o la sobremedicación de los pacientes.
“Cuando vos tenés a personas internadas eternamente, dejás tranquila a la familia, pero al enfermo vos no le hacés nada”, sostuvo.
Finalmente, sintetizó su preocupación con una pregunta que atraviesa toda la discusión sobre la reforma: “¿Tratamiento o encierro? Ese sería el tema”.
La reforma obtuvo 42 votos afirmativos y 21 negativos en el Senado, el 30 de octubre, y deberá ser tratada por la Cámara de Diputados. Para Gil Lozano, el desafío es evitar que la discusión sobre la salud mental deje de lado la dignidad de las personas y la responsabilidad del Estado de garantizar atención, recursos y acompañamiento.




