La docente e historiadora Fernanda Gil Lozano manifestó su profunda preocupación por la persistencia de los femicidios en la Argentina y cuestionó con dureza al actual Gobierno nacional por el cierre y debilitamiento de áreas estatales destinadas a la prevención y asistencia de víctimas de violencia de género y trata de personas.

En diálogo con el programa Mañana Fantástica, Gil Lozano calificó como “alarmantes” los datos difundidos por organismos y observatorios especializados. Según expuso, en los primeros ocho meses de 2025 se registraron 164 femicidios en el país, una cifra que equivale a un asesinato cada 35 horas. Además, recordó que durante 2024 se contabilizaron 224 víctimas directas de femicidio y 19 víctimas de femicidios vinculados, lo que representa un total de 247 víctimas letales de violencia de género.
En ese marco, explicó que en la Argentina existen al menos dos registros de referencia sobre esta problemática. Por un lado, destacó el trabajo histórico de la ONG La Casa del Encuentro, que desde hace más de 15 años releva casos a partir de publicaciones periodísticas de todo el país. Por otro, señaló la labor del observatorio estatal, que cuenta con acceso a información judicial y denuncias formales, lo que permite una mayor profundidad en el relevamiento.
“Para el caso, es una barbaridad”, sostuvo, al remarcar que más allá de las diferencias entre una fuente y otra, los números reflejan una realidad estremecedora. En ese sentido, advirtió que el impacto de los femicidios no se limita a la víctima directa, sino que también deja una profunda huella social y familiar, especialmente en niñas y niños que quedan huérfanos o en situación de extrema vulnerabilidad.
Gil Lozano también alertó sobre las consecuencias del cierre de organismos y espacios de contención. Según denunció, en distintas áreas del Estado se están eliminando dependencias dedicadas a atender casos sensibles, como la violencia de género y la trata de personas. A su entender, este retroceso institucional debilita los mecanismos de prevención, protección y acompañamiento que, aun con limitaciones, funcionaban como un freno frente a situaciones de violencia extrema.
Asimismo, remarcó la importancia de sostener medidas como las restricciones perimetrales, los refugios y los dispositivos de asistencia, aunque reconoció que en muchos casos no alcanzan para evitar desenlaces fatales. No obstante, insistió en que la ausencia o desarticulación de estas herramientas agrava todavía más la problemática.
Finalmente, Gil Lozano subrayó la necesidad de profundizar el trabajo preventivo también con los varones, al considerar que sin un abordaje integral sobre las conductas violentas y los patrones culturales que sostienen la desigualdad, la violencia de género continuará reproduciéndose.
Las declaraciones de la historiadora vuelven a poner en agenda una problemática estructural que, lejos de disminuir, sigue mostrando cifras preocupantes en la Argentina y abre un fuerte debate sobre el rol del Estado frente a la violencia machista.