Durante una columna de análisis, Enrique Hisse y Rubén de Dios reflexionaron sobre el concepto de justicia social, al que definieron como uno de los principales ejes de debate frente a la visión económica y política del presidente Javier Milei.

Al abrir la conversación, Hisse planteó el interrogante que dio marco a la discusión: “¿La justicia social es un robo o la libertad y el mercado deben estar subordinados a la integración social y al bien común?”. Además, sostuvo que detrás de esa afirmación existe “toda una concepción” sobre el rol del Estado, la economía y la sociedad.
Consultado sobre esa definición, Rubén de Dios respondió de manera categórica: “Claramente no”, al rechazar la idea de que la justicia social constituya un robo.
El analista explicó que la frase no es un exabrupto aislado, sino que responde a una corriente de pensamiento vinculada con la Escuela Austríaca de Economía, de la cual, según indicó, Javier Milei toma gran parte de sus fundamentos.
“Ellos sostienen que la justicia social es como meterle la mano en el bolsillo a una persona para darle ese dinero a otra, principalmente a través de los impuestos. Por eso consideran que es un robo”, explicó.
Por su parte, Hisse consideró que, más allá del tono utilizado por el Presidente en distintas oportunidades, la discusión debe entenderse desde las ideas que sustentan ese planteo. En ese contexto, recordó las fuertes críticas que Milei realizó tiempo atrás contra el papa Francisco y señaló que, tras ser recibido en el Vaticano, moderó ese discurso.
A partir de allí, Rubén de Dios vinculó el debate con la Doctrina Social de la Iglesia y recordó que la encíclica Rerum Novarum, publicada por el papa León XIII en 1891, marcó el inicio del tratamiento de la denominada “cuestión social”.
Explicó que ese documento surgió como respuesta a las consecuencias de la Revolución Industrial, una etapa que generó un fuerte crecimiento económico, pero también jornadas laborales de hasta 14 o 15 horas, trabajo infantil, explotación de mujeres y salarios de subsistencia.
En ese sentido, destacó que la encíclica impulsó principios como el salario justo, la protección de los trabajadores y el reconocimiento de las organizaciones sindicales, aunque aclaró que no cuestionó la propiedad privada, sino que introdujo el principio de subsidiariedad del Estado, uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia.
Rubén de Dios agregó que esa doctrina fue ampliándose con el paso de los años y sostuvo que, si bien la Iglesia ya no posee el peso político de otras épocas, continúa ejerciendo influencia desde una perspectiva ética y moral.
Finalmente, trasladó el debate al presente y mencionó al arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien recientemente planteó la necesidad de construir un orden social que contemple las desigualdades y no deje de lado a los adultos mayores ni a los sectores más vulnerables.
De esta manera, Hisse y Rubén de Dios analizaron dos visiones contrapuestas sobre el rol del Estado y la organización de la sociedad: una basada en el concepto de justicia social y otra sustentada en los principios del liberalismo económico que impulsa el gobierno de Javier Milei.

