Pedro Miguel Ferreyra, músico y luthier santiagueño, ha transitado un camino que combina pasión, creatividad y reinvención constante. Reconocido por acompañar a diferentes grupos musicales, Ferreyra también lidera Trino, Taller de Arte, un espacio donde sus alumnos no solo aprenden música, sino que viven la experiencia de cumplir sueños a través del canto y la creación de instrumentos.

“Siempre me encantaba ver las guitarras cuando las hacían los luthiers. Mirarlas, entender por qué cambiaban de sonido, era fascinante”, cuenta Pedro en diálogo con El Interior Santiagueño. Esa curiosidad lo llevó a dar un paso más: convertirse en luthier y fabricar su propio instrumento.
Su primera guitarra fue un proceso de paciencia y aprendizaje. La tapa es de cedro, mientras que los aros y el fondo provienen de algarrobo y pacará. “Depende del espesor de la madera, del mástil… todo influye en el sonido. Es un proceso completo”, explica. Pedro ha aprendido que no solo se trata de ensamblar piezas, sino de comprender la armonía y la resonancia de cada instrumento.
Además de crear, Pedro también restaura guitarras, cuidando el valor sentimental de cada pieza. “A veces recibo instrumentos que fueron de padres o abuelos, y trato de mantener todas las piezas originales mientras sea posible”, dice. Para él, cada guitarra es más que madera y cuerdas: es un ciclo que une la creación, la música y la historia de quien la toca.
Con su taller como escenario de sueños y aprendizaje, Pedro Miguel Ferreyra sigue construyendo su propio camino, del escenario al taller, de la interpretación a la fabricación, demostrando que reinventarse es posible cuando la pasión es el motor.