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CUANDO LA TRAMPA CRECE, LA CORRUPCIÓN SE VUELVE RUTINA

Enrique Hisse, junto a Luis Garay, director del Instituto Espacio para la Memoria en Santiago del Estero, abordó en su columna un eje profundo para el debate: cuando la trampa crece y la corrupción se vuelve rutina, ¿las estructuras moldean al corrupto?

Frente a este panorama, ambos señalaron que en muchos países, más allá de la corrupción individual, existe una corrupción estructural. Plantearon que la corrupción suele ubicarse como causa central de los problemas sociales, pero que, a partir de la caída del Muro de Berlín, se ha naturalizado la idea de que el capitalismo es el único sistema posible, por lo que su funcionamiento deja de discutirse.

En esa línea, Garay sostuvo:
“El sistema capitalista es un sistema básicamente corrupto porque es un sistema de producción colectiva porque lo que produce valor es el trabajo, pero la apropiación de ese valor no es colectiva es individual apropiándose del plus valor que genera el trabajo. El trabajo producido tiene un excedente y te lo apropias y es el origen de la riqueza y fortuna de determinados sectores de la sociedad”.

También advirtieron:
“El sistema produce desigualdad y cada vez es peor. Nosotros estamos viendo hoy como el esfuerzo de las políticas públicas están orientadas a garantizar la rentabilidad de determinados sectores en contra del bienestar de grandes sectores de la sociedad y es lo que está pasando en Argentina”.

Y agregaron:
“No hay sistemas mejores o peores, sino que llamamos a debate si dentro de los límites de este sistema nosotros ¿podemos hablar de equidad, justicia y bienestar social?”.

Finalmente, concluyeron:
“En el ADN del capitalismo está la apropiación. Es voraz porque la rentabilidad cada vez tiene que ser mayor en un sistema en el que los recursos son escasos y entonces alguien se perjudica”.

 

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