El Fondo Monetario Internacional actualizó su Panorama Económico Mundial, que conserva las expectativas previas para el país. En cuanto a la economía mundial, analizó que hay una evolución “firme” pero bajo presiones significativas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó su Panorama Económico Mundial, en el que mantiene las perspectivas para Argentina, que contemplan un crecimiento del 4% en 2026 y 2027, a la vez que consideró que la economía mundial está en una senda de expansión “firme”, pero bajo presiones significativas. Además, ubicó al país entre las economías con mejor desempeño relativo a nivel global en los próximos dos años.
El FMI modera su previsión para el crecimiento de América Latina
Para América Latina y el Caribe, el FMI prevé que el crecimiento se moderará a 2,2% en 2026 y repuntará a 2,7% en 2027, a medida que las economías converjan hacia su producto potencial desde distintas posiciones cíclicas. En ese contexto, la Argentina aparece como uno de los casos con mayor expansión prevista.
El escenario global según el FMI
El FMI anticipa un escenario global que combina señales positivas y riesgos latentes. Por un lado, destaca que el principal motor del crecimiento es la inversión en tecnología y en inteligencia artificial, especialmente en Estados Unidos y Asia, que ha permitido sostener el nivel de actividad pese a las tensiones comerciales y geopolíticas.
En cuanto a las condiciones financieras, se mantuvieron estables, con la actitud de los inversionistas contribuyendo a altos precios de las acciones y diferenciales de crédito reducidos. La volatilidad en el mercado de renta variable en noviembre de 2025 se debió a preocupaciones sobre los rendimientos futuros en el sector de la IA. Las empresas de IA representan una proporción considerable de la capitalización del mercado de acciones y son un motor clave del gasto de capital empresarial.
En el contexto de las políticas, el FMI enfatiza la importancia de restablecer la capacidad fiscal y mantener la sostenibilidad de la deuda pública, especialmente ante las persistentes necesidades de gasto. Para el organismo, se requiere un compromiso creíble de consolidación a mediano plazo, con esfuerzos para afianzar los ingresos fiscales, racionalizar los gastos y reforzar la eficiencia del gasto. Los bancos centrales deben adaptar la política monetaria para salvaguardar la estabilidad de precios, y la comunicación clara y coherente es crucial en un entorno impredecible.