A 214 años de la gran hazaña belgraniana, el profesor de Historia Sebastián Corvalán recordó en Mañana Fantástica el significado histórico del Éxodo Jujeño, ocurrido el 23 de agosto de 1812, cuando el pueblo de Jujuy debió abandonar sus hogares y acompañar al general Manuel Belgrano ante el avance de las fuerzas realistas.

Corvalán explicó que el episodio se produjo en un contexto particularmente complejo para las Provincias Unidas. La Revolución ya se había iniciado, pero la independencia todavía no había sido declarada formalmente, mientras el Primer Triunvirato conducía los destinos políticos del territorio.
El norte tenía además una enorme importancia estratégica. El objetivo revolucionario era conservar el control sobre el Alto Perú, una región de gran valor económico y geopolítico por sus recursos minerales y su ubicación.
El profesor señaló que, cuando Belgrano llegó a Jujuy, encontró un escenario militar sumamente desfavorable. El ejército estaba derrotado, mal armado, mal alimentado y mal vestido, por lo que resultaba prácticamente imposible enfrentar en esas condiciones a las tropas realistas.
Ante la imposibilidad de sostener una defensa efectiva, se recurrió a una estrategia de “tierra arrasada”, una táctica militar que consistía en impedir que el enemigo pudiera aprovechar los recursos de los territorios que iba ocupando. La retirada implicaba dejar atrás la zona y destruir o retirar todo aquello que pudiera servir de abastecimiento a las fuerzas realistas, hasta alcanzar una posición más segura que permitiera reorganizar al ejército.
En ese contexto aparece una de las facetas más decisivas de Belgrano: su capacidad para conducir y convencer a la población jujeña de acompañar la retirada. No se trataba solamente de una orden militar, sino de lograr que miles de personas abandonaran sus hogares y sus pertenencias para sumarse a una causa revolucionaria todavía en construcción.
Así, el Éxodo Jujeño se convirtió también en una demostración del liderazgo de Belgrano y del compromiso de un pueblo dispuesto a realizar enormes sacrificios para impedir el avance realista.
El Éxodo Jujeño no fue solamente un movimiento militar. Significó el sacrificio de miles de civiles, que dejaron atrás sus casas, sus pertenencias y sus actividades para evitar que esos recursos quedaran en manos del enemigo.
En su análisis, Sebastián Corvalán también destacó que Belgrano no había tenido inicialmente un perfil exclusivamente militar. Su formación como abogado y su trayectoria vinculada a la prensa y la educación habían marcado buena parte de su vida pública. Sin embargo, las circunstancias de la Revolución lo llevaron a asumir responsabilidades militares decisivas en el norte.
Corvalán también destacó el costado más firme y menos difundido de la figura de Belgrano. Según explicó, la orden impartida durante el Éxodo Jujeño establecía que la población debía acompañar la retirada y que quienes se resistieran podían enfrentar incluso la pena de fusilamiento. Para el profesor, esto permite comprender que detrás de la imagen tradicional de Belgrano existía un dirigente con un fuerte carácter y dispuesto a tomar decisiones extremas cuando consideraba que estaba en juego el futuro de la revolución.
En cuanto al impacto militar del Éxodo, Corvalán remarcó que fue fundamental para frenar el avance de las fuerzas realistas. La orden del Primer Triunvirato indicaba que el ejército debía replegarse hasta Córdoba, a unos 900 kilómetros, pero las condiciones del territorio y la estrategia aplicada durante la retirada terminaron debilitando considerablemente al enemigo.
Las tropas realistas habían atravesado la Puna, una zona especialmente difícil por la escasez de agua y alimentos y las duras condiciones climáticas. Al llegar a Jujuy se encontraron con una población que había abandonado el lugar y con pocos recursos disponibles para abastecerse. Según explicó el historiador, las fuerzas españolas sufrieron alrededor de 500 bajas como consecuencia de las inclemencias, la falta de alimentos, agua y refugio.
“Es como si se hubieran enfrentado con un gran ejército sin haber disparado un solo tiro”, sostuvo Corvalán al dimensionar el efecto de la estrategia implementada por Belgrano.
El profesor consideró además que el Éxodo Jujeño fue determinante para la continuidad de la Revolución de Mayo. A su entender, permitió evitar que el proceso revolucionario sufriera un retroceso frente al avance español y contribuyó a mantenerlo de manera continua hasta la declaración de la Independencia.
En ese contexto, Belgrano también tomó otra decisión trascendental: desobedeció la orden de replegarse hasta Córdoba y decidió detenerse en Tucumán para enfrentar a las tropas realistas. Allí, en lugar de continuar retrocediendo, resolvió plantar batalla y dar un nuevo giro al proceso revolucionario.
El 23 de agosto de 1812 quedó grabado como una de las grandes páginas de la historia argentina: un pueblo entero detrás de un ejército en retirada, dispuesto a sacrificarlo todo por una causa que todavía estaba construyendo su camino hacia la independencia.
