La docente e historiadora Fernanda Gil Lozano realizó un recorrido por la evolución del sistema electoral argentino y aseguró que las distintas reformas implementadas a lo largo de la historia tuvieron como objetivo ampliar la participación ciudadana, fortalecer la representación política y consolidar la legitimidad democrática.

Durante una entrevista, la especialista sostuvo que la Argentina cuenta con una extensa tradición de reformas electorales y destacó que, a diferencia de otros países, estos cambios buscaron mejorar la calidad institucional. Como ejemplo, comparó el sistema argentino con el de Estados Unidos, al que calificó como “totalmente obsoleto” por mantener el colegio electoral, mecanismo mediante el cual el presidente no siempre resulta ser el candidato más votado.
Gil Lozano recordó que la Constitución Nacional de 1853 estableció un sistema de elección indirecta, inspirado en el modelo estadounidense, mediante el cual los ciudadanos elegían compromisarios que luego definían quién sería presidente y vicepresidente. Sin embargo, explicó que durante gran parte del siglo XIX el sufragio estuvo lejos de ser plenamente democrático, ya que el voto era público —conocido como “voto cantado”—, existían fuertes presiones sobre los electores y el fraude electoral era una práctica frecuente.
En ese contexto, destacó que la gran transformación llegó con la Ley Sáenz Peña de 1912, que instauró el voto secreto, obligatorio y universal masculino. Si bien aclaró que las mujeres aún no podían participar, remarcó que la reforma significó un cambio histórico al garantizar la libertad del elector dentro del cuarto oscuro y reducir significativamente las maniobras fraudulentas.
“Fue una limpieza muy importante de nuestro sistema electoral”, afirmó la historiadora, quien además señaló que mientras en Europa todavía se debatía quiénes podían ser considerados ciudadanos según su patrimonio, en la Argentina el desafío era ampliar la participación democrática.
Otro de los hitos mencionados fue la ley de 1947, que otorgó a las mujeres el derecho a votar y ser elegidas, ampliando definitivamente la ciudadanía política.
Asimismo, recordó que durante el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse, en 1972, se introdujeron importantes innovaciones, como la eliminación del colegio electoral y la incorporación del sistema de doble vuelta o ballotage para la elección presidencial.
Posteriormente, indicó que la reforma constitucional de 1994 consolidó el sistema vigente, estableciendo la elección directa del presidente y fijando las condiciones para evitar una segunda vuelta: obtener el 45% de los votos afirmativos o superar el 40% con una diferencia de al menos diez puntos sobre el segundo candidato.
La historiadora también defendió el rol de los partidos políticos dentro del sistema democrático argentino y sostuvo que las candidaturas deben surgir de estructuras partidarias que respeten reglas institucionales, ya que eso fortalece la representación.
Finalmente, al referirse al debate actual sobre nuevas reformas electorales, Gil Lozano llamó a analizarlas con perspectiva histórica y aseguró que, en términos generales, las modificaciones implementadas desde el siglo XIX contribuyeron a mejorar la democracia argentina.
“En un país que atravesó tantas dictaduras durante el siglo XX, deberíamos recordar que la democracia no tiene precio”.

