En una nueva edición del programa “Mañana Fantástica”, el columnista Enrique Hisse dialogó con la magíster en Ciencias Sociales, Susana Alonso, sobre la temática “La desigualdad social despolitizada”, un análisis que pone el foco en cómo las series y producciones audiovisuales de plataformas digitales representan la desigualdad social desde una mirada individual, psicológica o moral, dejando de lado sus causas políticas, económicas e históricas.

Durante la entrevista, se planteó cómo muchas ficciones actuales convierten la desigualdad en un espectáculo de consumo, centrado en conflictos personales o policiales, sin profundizar en las estructuras de poder que generan esas diferencias sociales. A partir de ello, los especialistas reflexionaron sobre las consecuencias culturales que produce esta narrativa en la sociedad.
En ese sentido, Enrique Hisse sostuvo que el neoliberalismo instaló fuertemente la idea de la meritocracia, trasladando la responsabilidad del éxito o del fracaso exclusivamente al individuo, sin contemplar las condiciones sociales y económicas atravesadas por decisiones políticas.
“El neoliberalismo pone la responsabilidad del éxito o del fracaso en la persona individual, sin tener en cuenta las condiciones sociales y económicas. Entonces, cuando se le promete a alguien que podrá triunfar solo con esfuerzo en un contexto de precariedad, en realidad se lo está invitando al fracaso y al resentimiento”, expresó.
Además, remarcó que la desigualdad social no es un fenómeno natural ni universal, sino una construcción histórica y política. “Entendemos que la desigualdad social no es algo natural, sino algo creado. Surge cuando aceptamos que algunos puedan acumular muchísimo mientras otros tienen muy poco”, afirmó.
Por su parte, Susana Alonso analizó el rol histórico de la telenovela argentina durante el siglo XX y comienzos del XXI, destacando que este género televisivo funcionó como un espacio cultural donde se expresaban tensiones políticas e ideológicas vinculadas a la desigualdad social.
“Las telenovelas mostraban procesos sociales y políticos que permitían comprender que la desigualdad no pertenece a la naturaleza de las cosas, sino que es producida desde estructuras de poder”, explicó la especialista.
Asimismo, consideró que la ficción televisiva argentina tuvo un papel importante dentro de lo que hoy se conoce como “batalla cultural”, entendida como una disputa por el sentido de la realidad.
“Nunca el sentido está dado; siempre está en disputa”, señaló Alonso.
En esa línea, mencionó ejemplos emblemáticos de la televisión argentina como Rolando Rivas, taxista y Rosa de lejos, donde la historia de amor convivía con conflictos sociales y políticos de fondo, como la lucha sindical, la solidaridad barrial y la militancia política.
“La gente seguía la historia de amor, pero detrás existía un desplazamiento narrativo donde aparecían la desigualdad social, las tensiones ideológicas y la disputa política”, concluyó.

