En el programa Mañana Fantástica, el columnista, Enrique Hisse y el licenciado Rubén de Dios abordaron un debate provocador sobre el impacto de la “estupidez humana” en la vida social y política, y sus posibles efectos en la convivencia y la toma de decisiones colectivas.

Durante el intercambio, se planteó si la estupidez tiene influencia real en la sociedad y si puede considerarse un fenómeno contagioso o estructural.
El licenciado Rubén de Dios explicó que este concepto no está necesariamente ligado a la inteligencia: “la estupidez puede aparecer en el sector humilde, entre los trabajadores, en clase media, en el sector de altos también. A veces uno se comporta como estúpido”.
En esa línea, agregó: “no tiene que ver con la inteligencia, ni con la edad, ni con la condición social. El problema es cuando la estupidez se generaliza o cuando no se reconoce”.
También remarcó un aspecto central del debate:“parte de ser estúpido es no reconocer que uno hizo cosas estúpidas. Hay gente que no tiene pensamiento crítico sobre sus propias acciones”.
Por su parte, se planteó la discusión sobre si es preferible ser “estúpido o egoísta”, en el marco de las consecuencias sociales y políticas de ambos comportamientos, abriendo el debate sobre la responsabilidad individual y colectiva en la toma de decisiones.
El licenciado Rubén de Dios retomó aportes del economista Carlo Cipolla, autor de las denominadas “leyes fundamentales de la estupidez humana”, destacando una de ellas:
“siempre e inevitablemente subestimamos el número de estúpidos en circulación”.
En ese marco, ejemplificó cómo ciertas creencias sin sustento se expanden socialmente: el terraplanismo o la negación de evidencias científicas, donde “ante cualquier evidencia no importa, si eso no es estúpido, qué es”.
Asimismo, se planteó una distinción central del análisis: no hablar de “personas estúpidas” de manera fija, sino de “acciones estúpidas”, ya que “todos podemos caer en la ausencia de pensamiento crítico o actuar sin reflexión”.
Finalmente, el intercambio dejó como eje principal la advertencia sobre el crecimiento de la falta de pensamiento crítico en determinados contextos sociales y políticos, y la necesidad de cuestionar las certezas establecidas para evitar la reproducción de ideas sin fundamento.

