La psicopedagoga Aline Ghirardi analizó en el programa Mañana Fantástica la tragedia ocurrida en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe donde un adolescente de 15 años asesinó a tiros a un alumno de 13, un hecho que generó conmoción y reabrió el debate sobre el rol de la familia, la escuela y la sociedad.

Durante la entrevista, la profesional aclaró en primer lugar que aún no está confirmado que se trate de un caso de bullying, ya que la investigación continúa en curso. En ese sentido, remarcó que no todo acto de violencia o burla puede definirse como tal, ya que el bullying implica un hostigamiento sostenido en el tiempo y una relación desigual de poder entre los involucrados.
“Primero quiero aclarar que todavía no se sabe con exactitud si es realmente una situación de bullying lo que está sucediendo. La investigación está llevándose a cabo”, explicó.
Aline Ghirardi sostuvo que este tipo de hechos extremos obligan a una reflexión profunda:
“si bien esta situación es bastante dolorosa, nos invita a esto, a reconocer el límite, pero también a analizarnos como institución, como familia, a mirarnos un poco y a darle sentido quizás a la palabra del niño”.
En su análisis, advirtió que muchas veces se llega tarde por la falta de intervenciones preventivas o por no haber sabido interpretar señales a tiempo. En ese sentido, destacó la importancia de escuchar activamente a los niños y adolescentes, no solo a través de lo que dicen, sino también de sus conductas.
“Los niños siempre hablan, no siempre verbal, sino también mediante comportamientos. Entonces es importante no sólo escucharlos, sino también mirarlos, observarlos”, señaló.
La especialista remarcó el rol fundamental de la familia en la prevención, promoviendo espacios de diálogo cotidiano. “Lo más importante como padres es generar espacios para escuchar y observar a los niños”, afirmó, al tiempo que sugirió hacer preguntas abiertas que permitan conocer cómo viven su día a día.
En cuanto al ámbito escolar, subrayó que las instituciones pueden reducir significativamente estos conflictos cuando abordan la temática de manera activa: «descienden considerablemente los porcentajes cuando en una escuela hay proyectos institucionales que traten la temática”, indicó.
Sobre el perfil del agresor, descripto como un alumno sin antecedentes y con buen rendimiento, Ghirardi consideró que este tipo de conductas no surgen de manera repentina: “seguramente ha habido situaciones previas que no se han sabido escuchar o mirar, o que no se les ha dado la importancia”, explicó.
Además, advirtió que existen señales de alerta que pueden detectarse en los jóvenes: aislamiento, cambios de conducta, dificultades para comunicarse o incluso autolesiones. “Muchas veces lo que no se dice con palabras se expresa con conductas”, sostuvo.
Finalmente, la profesional remarcó que la responsabilidad es compartida entre todos los actores sociales:
“Creo que como adultos todos somos responsables. No se puede responsabilizar solo a la escuela en este caso”.
El caso generó una fuerte preocupación social y vuelve a poner en agenda la necesidad de reforzar los canales de diálogo, contención y prevención tanto en el ámbito familiar como educativo.