En el paraje El Boquerón, del departamento Atamisqui, emerge la historia de Emma Castaño, una docente rural jubilada de 73 años que dejó una huella imborrable en la educación santiagueña. En diálogo con el programa “El Interior Santiagueño”, compartió su recorrido, marcado por la vocación, el sacrificio y el amor por la cultura local.
“Estoy contenta de que se interesen por el Santiago profundo”, expresó con emoción, al tiempo que destacó la importancia de visibilizar la realidad de los parajes del interior.

UNA VOZ QUE MANTIENE VIVA LA IDENTIDAD
Emma no solo es maestra, sino también una defensora del quichua, lengua que aprendió desde niña, escuchando a sus padres. “Por oídos también se aprende. Me nació del alma. El quichua es nuestra esencia”, afirmó.
Recordó que en su infancia el idioma era muchas veces desalentado en las escuelas, pero sobrevivió en el ámbito familiar y cotidiano: “A la mañana, con el mate o cuando llegaba un vecino, todo era en quichua”.
ENSEÑAR EN EL MONTE: ENTRE EL SACRIFICIO Y LA PASIÓN
Su carrera docente comenzó en 1980, en el paraje Puerta Grande. Para llegar a la escuela, debía recorrer largos caminos a caballo desde El Boquerón. “Era una experiencia linda. Yo iba feliz de encontrarme con mis pequeñitos, porque son puro amor”, recordó.
En aquellos años, la falta de recursos no fue un obstáculo. “Con tiza y pizarrón hacíamos maravillas”, aseguró, destacando que los alumnos tenían mayor participación y compromiso en clase.
LOS DESAFÍOS DE AYER Y HOY
La docente señaló que, si bien actualmente existen más herramientas tecnológicas, en muchos parajes rurales no pueden utilizarse por la falta de electricidad. “Las escuelas tienen materiales, pero no siempre las condiciones para usarlos”, explicó.
Además, reflexionó sobre los cambios en la educación: “antes había más respeto, hoy eso se ha perdido un poco”.
EL LEGADO QUE TRASCIENDE GENERACIONES
Tras casi 40 años de servicio, Emma asegura que su mayor logro es el cariño de sus alumnos. “Lo más lindo es cuando te dicen: ‘Seño, ¿se acuerda de mí?’”, contó.
Muchos de ellos, hoy adultos, aún la reconocen y valoran su enseñanza. “Ese amor y respeto siguen vivos. Eso es lo que hemos ganado los maestros”, concluyó.
La historia de Emma Castaño refleja la realidad de la educación rural y el valor de quienes, con esfuerzo y vocación, sostienen la identidad cultural en cada rincón de Santiago del Estero.