El obispo Ambarus recordó con emoción ese momento de la apertura de la Puerta, cuando Francisco le dijo: “Don Ben, ven conmigo”, y juntos iniciaron el Jubileo. “Para él, yo era simplemente Don Ben, creo que ni siquiera sabía mi nombre ni mi apellido”, contó Ambarus, destacando la cercanía de Francisco hacia los presos. “Fue un momento muy emotivo, pero especialmente para la gente. Se sentían vistos“, agregó.

Según explicó en la entrevista, desde la muerte de Francisco Ambarus ha recibido numerosos mensajes de personas que se sienten huérfanas por su partida. “Ayer, algunos reclusos me pidieron que depositara una flor en la tumba de Francisco en su nombre”, reveló, y agregó que está trabajando para que “sus hijos predilectos puedan estar presentes en su funeral”.