En su columna en Radio Fantástica, Enrique Hisse reflexionó sobre la necesidad de creer en contextos de crisis, el peso de las emociones en la política y el momento en que la realidad empieza a romper las expectativas de quienes confiaron en un cambio.

En una nueva edición de su columna en Radio Fantástica, Enrique Hisse puso el foco en una idea tan simple como profunda: “creer, después de tanta desilusión, ¿es un acto de confianza o de supervivencia?”.
A partir de esa pregunta, el columnista desarrolló un análisis sobre cómo las personas construyen sus creencias políticas no solo desde la razón, sino también —y sobre todo— desde los afectos. “No es un acto puramente racional, pero tampoco es irracional; tiene mucho más que ver con los sentimientos”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que, tras distintos fracasos —políticos y personales—, aparece una necesidad casi vital: “¿la gente necesita creer o está viviendo en soledad? ¿Necesita confiar en algo, en alguien?”. Para Hisse, esa confianza funciona como una forma de reconstrucción frente a lo que se rompió: “es una especie de intentar unificar todo lo que se ha fracturado”.
Durante la columna, también analizó el escenario actual y el vínculo entre las expectativas generadas y la realidad cotidiana. Allí advirtió que los procesos de desilusión no son inmediatos: “primero viene la justificación, después la espera… y recién cuando no alcanza, cuando la realidad golpea, aparece el quiebre”.
“El resquebrajamiento viene cuando la gente entra en zozobra, cuando no le alcanza”, afirmó, al tiempo que remarcó que muchas personas sostienen su confianza incluso frente a evidencias adversas. “Hay un núcleo duro que siempre está, que no quiere ver, que no quiere razonar, que responde desde la creencia”, señaló.
Hisse también comparó ese proceso con el enamoramiento: “uno idealiza, cree que encontró algo que lo completa… hasta que la realidad empieza a mostrar otra cosa”. En ese punto, explicó, aparece una tensión entre lo que se creyó y lo que efectivamente ocurre.
Además, subrayó que confiar no es solo una decisión individual, sino también un mecanismo de defensa: “cuando atacás la fe, estás atacando el sistema de defensa de una persona”. Por eso, advirtió que el quiebre de esa confianza no solo es político, sino profundamente emocional.
Finalmente, dejó planteada una pregunta que atraviesa a gran parte de la sociedad: “¿hasta cuándo se puede sostener una creencia cuando la realidad la contradice?”. Y, aún más, qué ocurre después: “cuando esa confianza se rompe, ¿la gente vuelve a creer o deja directamente de hacerlo?”.