En diálogo con el programa Interior Santiagueño, Marta Coronel, integrante de la quinta generación de la tradicional firma Rosquetes Che-Mar, compartió la historia de un emprendimiento familiar que desde hace más de un siglo forma parte de la identidad cultural de Loreto. Acompañada por sus hijos Jeremías y Milagros Coronel, destacó el esfuerzo, la dedicación y el legado transmitido de generación en generación.

Emocionada al recordar el camino recorrido, Marta explicó que el nombre Che-Mar surge de la unión de los nombres de Chela representante de la cuarta generación y Marta Coronel, de la quinta generación. Sin embargo, la historia comenzó en 1920 con su abuela Fortunata Coronel, continuó con María Coronel y luego con Petrona Luisa Coronel, hasta llegar a la actualidad.
“Para mí es un orgullo ser loretana y pertenecer a una familia de artesanos de los rosquetes. Gracias a este trabajo pude criar y educar a mis hijos, darles un futuro y sostener a mi familia”, expresó.

Por su parte, Jeremías Coronel destacó que formar parte de Che-Mar representa “un orgullo enorme”, ya que el emprendimiento permitió que varios integrantes de la familia pudieran estudiar y salir adelante gracias al esfuerzo colectivo.
Al referirse al secreto de sus reconocidos rosquetes, Marta aseguró que la clave está en utilizar materias primas de calidad y elaborar cada producto “con mucho amor”. Además, resaltó que la tradición artesanal se mantiene vigente mediante el uso del torno de madera y el horno de barro, aunque algunas etapas del proceso se modernizaron para acompañar la demanda.
Actualmente, Rosquetes Che-Mar cuenta con puntos de venta en la terminal vieja y nueva de Loreto, en su domicilio del barrio Polígono calle Artemio Gramajo 127 , también los encuentra en la vereda de lafacultad de humanidades y proximamente en la feria de la ciudad Capital.
Milagros Coronel remarcó que la familia continúa apostando al crecimiento del emprendimiento, llevando los tradicionales rosquetes loretanos a distintos puntos de la provincia y manteniendo vivo un legado que ya atraviesa cinco generaciones.
“Lo más importante es que los rosquetes sean frescos todos los días. Como el pan recién hecho, la gente quiere disfrutar un producto rico y de calidad”, concluyó Marta, quien continúa al frente de una historia familiar que se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de Loreto y de Santiago del Estero.

