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sábado, agosto 1, 2026

LUIS NASSIF, EL RESCATISTA QUE CAMBIÓ SU VIDA PARA SALVAR A LOS PERROS QUE NADIE QUIERE VER

Hay personas que eligen una profesión. Otras, una causa. Luis Nassif asegura que nunca imaginó que terminaría dedicando gran parte de su vida a rescatar perros en situaciones extremas. Lo cuenta con la voz quebrada, como si cada historia siguiera viviendo dentro de él.

En una entrevista con La Hora de Las Mascotas, el rescatista santiagueño habló por primera vez en un programa radial y abrió su corazón para contar cómo nació una vocación que hoy lo enfrenta, casi a diario, con el abandono, el maltrato y la muerte.

“Yo hago un área específica dentro del proteccionismo, que es el rescate. Generalmente rescato casos extremos”, explicó.

Su trabajo no consiste solamente en encontrar un perro abandonado. Su tarea comienza cuando otros ya perdieron la esperanza: animales con tumores, desnutrición severa, heridas infectadas, miasis, fracturas y enfermedades avanzadas.

“He luchado hasta el último para darles la posibilidad de que se puedan recuperar, sin importar cuánto se gaste. Trato de agotar todas las formas médicas y no médicas: desde las oraciones, desde el amor y también desde el grupo de médicos en los que confío”, contó.

Pero detrás de cada rescate también hay una batalla emocional.

“A veces uno no llega a tiempo. Y cuando un animalito se me va, siento impotencia y bronca por no haber llegado antes. Lo único que me queda es saber que se fue rodeado de amor y sin sufrir”, confesó.

El camino empezó ayudando a personas

Curiosamente, su historia no comenzó con los perros.

Durante un tiempo recorría las calles buscando ayudar a adultos mayores que trabajaban en la vía pública, inspirado por personas solidarias de Tucumán.

“Yo me dedicaba a otra cosa. Salía a buscar abuelitos para ayudarlos, pero en ese recorrido me encontraba con situaciones de perros abandonados y terminaba involucrándome con ellos también”, recordó.

Ese cambio de rumbo llegó de manera inesperada.

El perro que cambió todo

Hubo un rescate que marcó un antes y un después.

Era un perro que estaba en Ampliación Primero de Mayo, en La Banda. Tenía un enorme tumor en el rostro, estaba desnutrido y presentaba una grave infección con gusanos en la cavidad bucal y nasal.

Luis viajó para ayudarlo. Mientras recordaba ese momento, no pudo contener la emoción.

“Hemos conectado mucho con él. Me ha costado muchísimo asimilar que no pude salvarlo”, dijo entre lágrimas.

La historia de ese perro trascendió las fronteras de Santiago del Estero. Personas de España, Estados Unidos, Francia, Italia, República Dominicana y distintos puntos de Argentina comenzaron a colaborar con su tratamiento.

“Gastamos más de tres millones y medio de pesos. Si yo lo tenía que costear solo, era imposible”, relató.

Aquella experiencia le mostró algo que todavía lo conmueve: la capacidad de personas desconocidas para unirse por la vida de un animal.

Los “Héroes sin Capa”

Hoy, Luis tiene un grupo de 36 personas que colaboran con sus rescates.

Los llama “Héroes sin Capa”.

Hay santiagueños, tucumanos, cordobeses, bonaerenses y personas de varios países que aportan dinero, medicamentos y ayuda para sostener tratamientos veterinarios de alto costo.

“Uno no puede con todo. Necesita del apoyo de la gente para poder costear tratamientos que son muy caros”, afirmó.

Un rescate a la vez

Aunque los pedidos de ayuda llegan todos los días, Luis decidió seguir una regla que aprendió de un rescatista experimentado, a quien llama  “el Polaco”.

“No te mates porque no vas a poder con todos. Pero a ese uno que hagas, hacelo bien”, le aconsejó.

Desde entonces rescata un solo caso a la vez.

Lleva al animal a los mejores veterinarios, cubre todo el tratamiento, le brinda tránsito en su propia casa y solo cuando encuentra una familia responsable y amorosa comienza un nuevo rescate.

“No se lo damos a cualquiera. Buscamos familias de oro y hacemos seguimiento de cada adopción”, explicó.

Las redes sociales, una herramienta para salvar vidas

Luis reconoce que muchas personas creen que sus videos buscan exposición. Él sostiene que son una necesidad.

“Yo no veo la hora de salir disparando a la veterinaria, pero tengo que hacer el contenido porque gracias a eso llegamos a las personas y podemos seguir ayudando”, señaló.

Para él, las redes sociales no son un escenario. Son una forma de conseguir el apoyo económico que permite que un perro tenga una oportunidad.

El cachorro cubierto de brea

Uno de sus rescates más recientes ocurrió en Estación Robles.

Un cachorro había sido arrojado atado dentro de una bolsa y cayó en un pozo con brea caliente.

Cuando llegó, el animal estaba completamente cubierto por la sustancia.

“Me conmovió ese caso y fui inmediatamente. Gracias a Dios hoy está conmigo, ya tiene una familia que lo va a adoptar y hemos logrado quitar casi toda la brea”, contó.

Su voz cambia cuando habla de los finales felices. Porque detrás de cada perro rescatado hay noches sin dormir, viajes, gastos, frustraciones y, sobre todo, una decisión.

La de no mirar para otro lado.

“Gracias al apoyo de la gente puedo cambiarle la vida a ese perrito que la pasa mal”, dijo.

Y quizás esa sea la frase que mejor resume su historia.

La de un hombre que un día salió a ayudar a personas mayores y terminó encontrando una causa que le rompió el corazón para siempre, pero que también le dio un propósito: salvar, uno por uno, a los perros que el abandono había condenado al silencio.

El sueño de un refugio donde el amor también sea parte del tratamiento

Más allá de los rescates, Luis Nassif tiene un sueño que hoy se convirtió en su principal objetivo: crear un pequeño refugio para brindar tránsito a los perros que logra salvar de situaciones extremas.

Su idea no es construir un lugar con decenas de animales hacinados, sino alquilar una casa donde cada perro pueda vivir con dignidad, comodidad y atención permanente mientras espera una familia que lo adopte.

“Quiero un mini refugio donde ellos puedan estar cómodos, con aire acondicionado en verano, calefacción en invierno, donde los saquen a pasear todos los días. No quiero que estén amontonados; quiero que vivan como si estuvieran en una casa, recibiendo amor”, expresó.

El proyecto contempla un espacio para entre 10 y 15 perros, con personas encargadas de alimentarlos, higienizarlos, bañarlos periódicamente, controlar su salud y acompañar su recuperación. Para Nassif, el tránsito debe ser una etapa de reconstrucción física y emocional.

“No quiero hacerlo demasiado grande porque no voy a poder sostener los costos. Prefiero un lugar pequeño, pero donde cada animal tenga una buena calidad de vida”, afirmó.

Actualmente, los perros rescatados permanecen en su casa, pero reconoce que el espacio ya no alcanza. “Tengo mi propio perro y apenas puedo recibir uno o dos más. No es saludable ni para ellos ni para nosotros, por eso necesito un lugar más grande”, explicó.

Con ese objetivo creó la asociación civil Ángeles de las Rosas, desde donde busca reunir apoyo para concretar el refugio antes de fin de año. “Ya tenemos el espacio; ahora estamos tratando de conseguir los medios económicos para poder hacerlo realidad”, señaló.

Nassif también explicó que su trabajo está profundamente atravesado por la fe. “Creemos en la ciencia, en la medicina veterinaria, en los médicos y también en Dios. Somos instrumentos para hacer una obra de amor. La medicina, el amor y la fe son tres pilares que nos ayudan a seguir adelante”, sostuvo.

Para él, ese refugio no será simplemente un lugar para albergar perros. Será un hogar donde los animales rescatados puedan volver a confiar, sanar y esperar una nueva oportunidad.

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