GUILLERMO “GRILLO” CHAZARRETA: UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN, IDENTIDAD Y AMOR POR SALAVINA

Guillermo “Grillo” Chazarreta, comunicador social y reconocido defensor y difusor de la cultura de Salavina, compartió en diálogo con El Interior Santiagueño parte de su historia de vida, marcada por las dificultades de la infancia, el trabajo y un profundo sentido de pertenencia por su tierra.

Durante la entrevista, Chazarreta destacó el fuerte vínculo que los habitantes de Salavina mantienen con sus raíces. “El sentido de pertenencia que tiene el salavinero es impresionante”, sostuvo, al remarcar que, aun cuando muchos deben emigrar por cuestiones laborales, mantienen vivos los recuerdos, las costumbres y la identidad cultural de su pueblo.

Su propia historia es un reflejo de las dificultades que durante años atravesaron numerosas familias del interior santiagueño. Recordó que, durante su niñez, las condiciones geográficas y la falta de oportunidades dificultaban el acceso a la educación y al trabajo.

Antes teníamos que pasar caminando ríos, bañados y esteros”, relató, al explicar las dificultades que debían enfrentar quienes vivían en esa zona ubicada entre distintos cursos de agua.

Entre los recuerdos más fuertes de su infancia, mencionó una etapa en la que, siendo niño, buscaba “tortugitas” para ayudar a su madre a conseguir harina y preparar tortillas para la familia. “Era un medio de vida para poder subsistir. Eran tiempos difíciles”, recordó.

Aquellas experiencias, lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, fueron para Chazarreta una fuente de fortaleza y superación. Con el paso de los años llegó a ocupar la máxima autoridad comunal de Salavina, después de haber trabajado previamente como secretario de Gobierno.

En total, estuvo 12 años vinculado a la gestión pública: primero acompañando durante dos períodos al entonces jefe comunal y posteriormente siendo elegido por la voluntad popular para gobernar durante cuatro años.

Está bueno poder contagiar también a otros y decir: si Grillo ha llegado, ¿por qué yo no?”, expresó, al considerar que su recorrido puede servir como ejemplo para las nuevas generaciones del interior.

Chazarreta también habló sobre la realidad de los jóvenes y trabajadores rurales que deben abandonar sus pueblos en busca de oportunidades. En ese sentido, reivindicó la cultura del trabajo de los santiagueños y recordó su propia experiencia como trabajador golondrina.

Desde los 14, 15 años he ido a la desflorada todos los años”, contó, al señalar que esa actividad formó parte de su vida hasta poco antes de ingresar a la gestión pública.

Para Guillermo “Grillo” Chazarreta, su historia personal está íntimamente ligada a la de Salavina: una historia atravesada por las dificultades, pero también por la capacidad de salir adelante, conservar las raíces y defender una identidad cultural que, pese al paso del tiempo y a la distancia, continúa viva.

EL QUICHUA COMO IDENTIDAD Y VOZ DE UNA COMUNIDAD

La radio ocupó un lugar fundamental en la vida de Rubén y, especialmente, en su vínculo con Salavina. Con la llegada de la FM 99.5 Salavina del Carmen, impulsada desde la comunidad y con el acompañamiento del recordado padre Lázaro, encontró un espacio desde donde comunicarse con los vecinos y, años más tarde, darle protagonismo a quienes hablaban quichua.

A través del programa “Salavina Manta Tukuypaj”, la lengua quichua dejó de ser solamente una expresión cotidiana para convertirse también en una herramienta de comunicación, identidad y reivindicación cultural. El objetivo fue darle voz a los propios quichuistas, permitiéndoles expresarse en su lengua, compartir sus experiencias y mostrar que el quichua sigue vivo y se transmite de generación en generación.

Rubén destacó que una de las mayores satisfacciones de su trayectoria fue ver a los quichuistas sentirse representados y ocupar un espacio que históricamente les había sido negado. Recordó que durante mucho tiempo el quichua fue considerado de manera despectiva como “la lengua de los indios” o una lengua sin valor social, una mirada que contribuyó a invisibilizar su riqueza cultural.

En ese contexto, “Salavina Manta Tukuypaj” buscó romper con esos prejuicios y demostrar que el quichua también podía tener presencia en los medios de comunicación. El programa se convirtió en un espacio abierto donde jóvenes y adultos participaban, hablaban en su lengua y compartían su vida cotidiana.

Esa experiencia también dio origen a nuevos proyectos culturales. Junto a Héctor Andreani y Daniel Geréz, el trabajo realizado alrededor del programa permitió avanzar en un documental sobre la lengua y la comunidad quichuahablante de Salavina, que posteriormente trascendió las fronteras de la provincia y llegó a encuentros internacionales de lenguas originarias, incluso en Paraguay.

Para Rubén, aquella experiencia representa uno de los logros más importantes de su vida: haber utilizado la radio para revitalizar el quichua, fortalecer la identidad de una comunidad y darle voz a sus verdaderos protagonistas.

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