El médico veterinario Dr. Pablo Alejandro Frías, profesional de Salta, criador desde los 12 años, juez, expositor y exdirector de Zoonosis, habló sobre la importancia de promover una crianza ética y responsable y diferenciarla de la reproducción indiscriminada de animales.

En diálogo con La Hora de las Mascotas, Frías explicó que la crianza responsable tiene como objetivo “tratar de mantener o mejorar lo que uno tiene” y preservar las características que dieron origen a cada raza, es decir “mantengan las cualidades a las que fueron creadas”.

“Hay que saber que la gran mayoría de las razas fueron diseñadas para un fin por el hombre”, señaló. En ese sentido, puso como ejemplo al husky siberiano, una raza desarrollada para recorrer grandes distancias en condiciones climáticas adversas. Según explicó, aunque actualmente  algunas razas no se las utilice para ese fin y vivan  en un departamento, no sería lo  mejor de una tenencia porque ese perro en su chip tiene es hacer esa actividad.

Para el veterinario, un criador responsable debe conocer esas características y también advertir al potencial propietario cuando una determinada raza no resulta adecuada para su estilo de vida o entorno.

En contraposición, describió a los llamados “multiplicadores” o “fábricas de perros” como personas que priorizan la reproducción y la venta sin tener en cuenta aspectos fundamentales como la salud, el comportamiento, las características del animal o el destino que tendrá. En este sentido, sostuvo que “el que cría irresponsablemente no se interesa por si lo que se transmite es bueno o malo, dónde va a ir o cuál es su calidad de salud”.

Frías también destacó el rol de las exposiciones caninas como espacios donde los ejemplares son evaluados objetivamente de acuerdo con las características establecidas para cada raza. “Hay que entender que no es algo frívolo, sino el lugar donde un juez evalúa las características que ese perro tiene que tener para decir: este animal tiene las condiciones y las características para reproducir y transmitir las cualidades que tiene; o decir: no, lamentablemente este no”, explicó.

Según señaló, este proceso permite que los ejemplares sean evaluados y que la crianza continúe orientada a preservar las características y condiciones propias de cada raza.

Frías también destacó la importancia de comprender la diferencia entre fenotipo y genotipo, ya que un animal no transmite solamente características visibles. “El perro lo que transmite es su fenotipo, y el genotipo es el chip. Eso no se ve”, explicó, al señalar que determinadas condiciones de comportamiento y predisposiciones a enfermedades también pueden transmitirse.

Según explicó, cada raza cuenta con un estándar que establece sus principales características, como el color de los ojos, el manto, la textura del pelo, la posición y tamaño de las orejas y otras condiciones morfológicas.

“El perro que más se acerca a ese estándar es el correcto, que es el que tendría que mantener esa cualidad”, sostuvo.

Frías también advirtió que los cruzamientos realizados sin criterios pueden favorecer la transmisión de enfermedades que no son habituales en determinadas razas. Por eso, consideró fundamental conocer las líneas familiares y trabajar para evitar la reproducción de ejemplares que puedan transmitir determinadas patologías.

“ADOPTAR Y COMPRAR UN PERRO DE RAZA NO TIENEN QUE SER ENEMIGOS”

Durante la entrevista también se refirió a la conocida consigna “No compres, adoptá”, y planteó que el debate no debería presentarse como una elección entre dos posiciones enfrentadas.

“Una cosa no tiene que ser enemiga o contraria de la otra. Yo puedo adoptar y también, si tengo las ganas de tener un perro de determinada raza, puedo hacerlo”, expresó.

Para el profesional, la clave está en que quien quiera incorporar un animal conozca previamente sus características, necesidades y condiciones de vida. “Lo importante es saber informarse qué raza quiero y cuáles son las condiciones que necesito tener para poder tener una determinada raza”, explicó.

“Hoy la Federación cuenta con normativas que establecen cómo debe desarrollarse la crianza y, en determinadas razas, los ejemplares deben obtener un apto de cría. Esto implica realizar una certificación ante la Federación para determinar si el perro reúne las condiciones y características necesarias para reproducirse, además de llevar un registro. En el título de criador, yo pondría a la persona que está debidamente registrada”, explicó Frías.

En ese sentido, remarcó la importancia de recurrir a personas que desarrollen una crianza ética y responsable, y sostuvo que la ética no puede reducirse únicamente a un reglamento: “La ética no viene en ningún manual, eso es propio; es algo que sale de nosotros, el poder hacerlo bien o no”.

De esta manera, el veterinario planteó que la decisión de incorporar un perro a una familia debería partir de la información, la responsabilidad y el conocimiento de las necesidades del animal, independientemente de que se trate de una adopción o de la elección de un perro de una raza determinada:

  • Conocer la raza: informarse sobre sus características, comportamiento, necesidades y condiciones de vida.
  • Investigar al criador: consultar quién es, si está registrado y bajo qué condiciones desarrolla la crianza.
  • Conocer a los padres: poder observar a los progenitores y obtener información sobre sus antecedentes y líneas familiares.
  • Observar a los cachorros: verificar que se encuentren activos, saludables y en buenas condiciones generales.
  • Prestar atención a las señales de alerta: desconfiar cuando el vendedor pone excusas para mostrar a los padres o cuando los animales presentan signos de enfermedad o decaimiento.
  • Consultar registros y entidades: recurrir a los registros de criadores para obtener asesoramiento antes de realizar una compra.
  • Evaluar las necesidades del animal: considerar si la raza o el perro elegido se adapta realmente al hogar, al espacio disponible y al estilo de vida de la familia.
  • En caso de adopción, conocer su historia: algunos animales que atravesaron abandono, situaciones de calle o experiencias traumáticas pueden necesitar un manejo especial y acompañamiento profesional.
  • Priorizar el bienestar: tanto la compra como la adopción deben realizarse pensando en la salud, el comportamiento y las necesidades del animal.

En definitiva, Frías sostuvo que la decisión debe estar basada en la información y la responsabilidad: “Lo que yo tengo que saber es hacer una compra responsable”.

EL COMPORTAMIENTO DEL PERRO NO DEPENDE SOLO DE SU RAZA

Frías explicó que el comportamiento de un perro no está determinado únicamente por su genética, sino también por el ambiente en el que se desarrolla. Según señaló, alrededor del 30% de determinadas características vinculadas al comportamiento podría transmitirse genéticamente, mientras que el 70% restante estaría relacionado con el entorno.

“Si yo genéticamente, por ejemplo, uso dos perros que tienen manifestaciones de agresividad, 30% de eso va a poder llegar a ser transmitido. Otro 70% se lo pone el ambiente”, explicó.

En este sentido, remarcó que el ambiente influye incluso desde la gestación. Una alimentación inadecuada de la madre, un entorno hostil o situaciones de estrés pueden repercutir en el desarrollo posterior del cachorro. A esto se suma la importancia de contar, después del nacimiento, con un ambiente enriquecido y con estímulos adecuados.

“El perro es muy corto el período ventana que tiene, pero el período, como digo yo, de esponja, que es donde uno tiene que incorporarle todos los estímulos”, sostuvo. En particular, destacó el período comprendido aproximadamente entre los dos y los cinco meses de vida, al que definió como una etapa crítica de socialización.

Según explicó, durante ese período el cachorro debe incorporar diferentes experiencias y estímulos que serán fundamentales para su desarrollo. La falta de socialización, el aislamiento o una tenencia inadecuada pueden favorecer posteriormente problemas de comportamiento.

El veterinario también se refirió a los perros considerados de “razas potencialmente peligrosas” y sostuvo que el concepto debería analizarse más allá de una raza determinada. “Potencialmente peligrosos, todos los perros. Todos son potencialmente peligrosos”, afirmó, aunque aclaró que la capacidad física de cada animal hace que las consecuencias de una mordida puedan ser muy diferentes.

En ese sentido, señaló que no es comparable una mordida de un perro pequeño con la de un ejemplar de gran tamaño y potencia física, como un Rottweiler. “No es lo mismo que me muerda un Rottweiler que tiene 500 PSI”, explicó, al referirse a la fuerza de mordida.

Para Frías, por lo tanto, no se trata solamente de la raza, sino de comprender cómo interactúan la genética, el ambiente, la crianza y la socialización en el desarrollo de cada animal. “Que todos sean potencialmente peligrosos y que uno lleve rienda suelta a su ferocidad es otra cosa”.

HUMANIZAR A LAS MASCOTAS SIN RESPETAR SU NATURALEZA PUEDE AFECTAR SU BIENESTAR

Por otra parte, destacó la importancia de la educación y la divulgación para comprender mejor a los animales y tomar decisiones responsables. “Me encanta todo lo que es el ámbito de poder hacer docencia, para que la gente pueda entender ciertas cuestiones y que no todo es blanco o negro. Hay matices”, sostuvo.

En ese sentido, remarcó que la información resulta fundamental frente a los avances científicos que permiten conocer cada vez más sobre el comportamiento animal. Mencionó los estudios de mapeo cerebral, tomografías y resonancias magnéticas funcionales que permiten comprender procesos que durante mucho tiempo fueron considerados inexplicables.

“Hoy todo eso ya se sabe por qué, dónde están, dónde se activan, en qué partes cerebrales”, explicó, al referirse, por ejemplo, a la capacidad de los perros para percibir cambios en las personas a través de los olores, los movimientos y el tono de voz.

El veterinario también se refirió al crecimiento del vínculo entre las personas y sus mascotas y a la conformación de las denominadas familias multiespecie, donde perros y gatos ocupan un lugar central dentro del hogar. Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de diferenciar el afecto de la humanización excesiva.

“Una cosa es darle el afecto, darle el cariño, pero siempre con el respeto, sabiendo que es una especie que no tiene la capacidad de razonamiento que tiene el humano”, señaló.

Según explicó, cuando se intenta tratar al perro como si fuera un ser humano y no se respetan sus necesidades como especie, pueden aparecer diferentes problemas de comportamiento. Entre ellos mencionó la ansiedad y el hiperapego, además de la llamada ansiedad por separación.

Frías explicó que este cuadro se relaciona con la incapacidad del animal para gestionar adecuadamente la soledad y la separación de su persona de referencia. Cuando el propietario se ausenta, pueden aparecer miedo, estrés, frustración y ansiedad, que posteriormente se manifiestan en diferentes comportamientos.

“El perro no sabe que yo me voy a ir a trabajar, que me voy a ir a estudiar, que me tengo que quedar solo y que no pasa nada, que yo voy a volver. El perro no, es hoy, aquí, ahora”, explicó.

El profesional sostuvo que muchas de estas situaciones pueden prevenirse mediante un manejo adecuado y una correcta educación desde las primeras etapas de vida. También advirtió que el estrés sostenido puede repercutir directamente sobre la salud del animal.

“Ser un poco más responsable y darle el cariño que le tengo que dar, pero bien. Correcto en la manera que él me puede recepcionar ese cariño, interpretarlo desde su lado”, planteó.

Como reflexión final, Frías sostuvo que las personas deben aprender a comprender el lenguaje y las necesidades propias de los perros, en lugar de pretender que estos se adapten completamente a los códigos humanos.

“Yo tengo que bajarme a ser un perro, no llevar al perro a ser humano”, afirmó. Y explicó que, mientras una persona puede aprender a interpretar y manejarse dentro del “idioma” del perro, es mucho más difícil pretender que el animal comprenda todas las complejidades del mundo humano.