La psicopedagoga Hady Luna analizó en diálogo con Mañana Fantástica la problemática del bullying y el acoso escolar, a partir de un reciente caso ocurrido en la zona de Las Termas de Río Hondo, donde un estudiante de 10 años habría sido hostigado por sus compañeros durante una clase de Educación Física.

La especialista remarcó que este tipo de situaciones no debe ser entendido como un hecho aislado, sino como una problemática que requiere un abordaje integral y la participación de las escuelas, las familias y el Estado.

Luna explicó que el bullying, también denominado acoso escolar, implica una conducta que se sostiene en el tiempo y que puede incluir agresiones físicas, verbales y psicológicas, ejercidas por una persona o un grupo contra otra.

Además, señaló que en la actualidad la problemática se extiende al ámbito digital mediante el ciberacoso, por lo que las situaciones de violencia no necesariamente terminan cuando los estudiantes salen de la escuela.

LA ESCUELA COMO ESPACIO DE DETECCIÓN

La psicopedagoga sostuvo que muchas veces la institución educativa no es necesariamente el origen de estas conductas, sino el lugar donde comienzan a hacerse visibles.

En ese sentido, destacó el rol de los docentes, quienes pueden detectar cambios de comportamiento y situaciones de hostigamiento tanto dentro del aula como durante los recreos o incluso cuando los hechos ocurren fuera del establecimiento, pero involucran a estudiantes de la misma institución.

Ante estos casos, consideró fundamental convocar a las familias y establecer estrategias de intervención siguiendo las normativas y protocolos vigentes.

Luna mencionó la importancia de trabajar desde un enfoque multidisciplinario y multidimensional, especialmente en aquellas escuelas que no cuentan con gabinetes o con los recursos humanos suficientes para abordar situaciones complejas.

“Es fundamental trabajar con un enfoque multidimensional, multidisciplinar”, sostuvo, al destacar la necesidad de generar charlas, talleres y espacios de sensibilización que también incluyan a las familias.

EL ROL DE LAS FAMILIAS

Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo relacionado con la responsabilidad de los adultos y el ejemplo que reciben niños y adolescentes en sus hogares.

La especialista señaló que muchas conductas violentas pueden ser imitadas por los menores a partir de los comportamientos que observan en los adultos.

Como ejemplo, mencionó situaciones registradas en partidos de fútbol infantil, donde padres que reaccionan violentamente ante decisiones arbitrales terminan protagonizando discusiones o peleas frente a sus propios hijos.

Para Luna, estas situaciones obligan a revisar qué valores se están transmitiendo desde el ámbito familiar.

“La primera institución educativa es la familia. Lo que hace la escuela es acompañar en los procesos formativos de aprendizaje”, explicó.

LAS SEÑALES DE ALERTA

La psicopedagoga también llamó la atención sobre determinados cambios de comportamiento que pueden funcionar como señales de que un niño o adolescente está atravesando una situación de acoso.

Entre ellos mencionó:

  • Retracción o aislamiento dentro del hogar.
  • Descenso en el rendimiento escolar.
  • Síntomas de angustia o depresión.
  • Resistencia o negativa a asistir a la escuela.
  • Cambios repentinos en la conducta habitual.

Luna sostuvo que estas señales deben ser observadas por las familias y motivar una consulta con la institución educativa para intentar determinar qué está sucediendo.

UNA PROBLEMÁTICA QUE REQUIERE RESPUESTAS CONJUNTAS

La especialista advirtió que las instituciones educativas atraviesan actualmente situaciones complejas vinculadas con el crecimiento de distintas formas de violencia y que, en muchos casos, no cuentan con los recursos suficientes para responder de manera adecuada.

Por ese motivo, consideró necesario fortalecer el trabajo conjunto entre familias, escuelas y organismos del Estado, generando herramientas de prevención, capacitación y acompañamiento.

El abordaje del bullying, explicó, no debe limitarse a intervenir cuando la agresión ya ocurrió, sino que requiere prevención, educación y sensibilización para construir espacios escolares seguros y respetuosos.

La problemática también adquiere especial relevancia frente a las consecuencias que puede generar el acoso sostenido en la salud emocional y en la vida cotidiana de niños y adolescentes. Por ello, Luna insistió en la importancia de no minimizar cambios de conducta ni considerar el hostigamiento como una cuestión propia de la edad.

“Hay que empezar a mirar y a intervenir con determiandos protocolos no solamente desde lo punitivo, porque tmabién de alguna manera tanto víctima como victimario terminan siendo víctimas de algo mucho más macro que es la propia sociedad donde hay una violencia exacerbada”,concluyó.