El cantante folklórico Alejandro Iñíguez, oriundo de La Banda, compartió en Interior Santiagueño parte de su historia de vida, sus raíces y el camino que recorrió hasta encontrar en la música una de sus grandes pasiones.
Nacido en un pequeño paraje del departamento Banda “Puesto Viejo”, donde según recordó vivían apenas unas diez familias, Iñíguez contó que desde muy joven comenzó a transitar distintos caminos que lo llevaron a instalarse posteriormente en La Banda, aunque sin perder nunca el vínculo con su lugar de origen.
“Uno empieza a buscar el camino y, sin querer o queriendo y sin saber, uno va haciendo su huella”, expresó al recordar su infancia y los distintos momentos que marcaron su vida.
Con el paso de los años, el trabajo también se convirtió en un eje fundamental de su historia. Actualmente desarrolla su actividad laboral en la zona y mantiene un emprendimiento en el que también genera trabajo para otras personas.
Sin embargo, para Iñíguez existe una diferencia muy marcada entre aquello que se hace por obligación y aquello que realmente genera felicidad.
“Para mí vivir es sentirse bien. En ese momento siento bien”, explicó al hablar de la música y de esos espacios en los que puede conectarse con una de sus grandes pasiones.
En ese sentido, reconoció que el trabajo muchas veces implica una responsabilidad necesaria para sostener la vida cotidiana, pero sostuvo que la música ocupa otro lugar.
“La música es vida”, afirmó.
UNA PASIÓN QUE NACIÓ EN LA INFANCIA
El vínculo de Iñíguez con el folklore comenzó desde suadolescencia, influenciado por los grandes referentes de la música que escuchaba durante su infancia.
Según relató, desde aquellos primeros años sintió interés por el canto y comenzó a acercarse progresivamente a diferentes espacios donde podía compartir la música.
Su recorrido no estuvo marcado únicamente por actuaciones individuales. También participó en coros y distintos grupos musicales, porque siempre tuvo el deseo de cantar junto a otras personas.
“Siempre he tenido el espíritu de estar compartiendo cantos con otros”, señaló.
A lo largo del tiempo llegó incluso a formar parte de diferentes agrupaciones. Sin embargo, las responsabilidades personales y laborales hicieron que mantener esos proyectos fuera cada vez más complejo.
EL FOLKLORE, UNA PASIÓN QUE NUNCA ABANDONÓ
Iñíguez explicó que con el paso de los años muchos integrantes de los grupos fueron asumiendo nuevos compromisos, lo que dificultó la continuidad de las propuestas musicales.
A eso se sumó su propia realidad laboral. La necesidad de continuar trabajando en la panadería y desarrollar sus actividades cotidianas no le permitió dedicarse exclusivamente al canto.
“Era más difícil poder seguir con la vuelta al canto, a no ser que uno se dedique plenamente a eso. Pero en mi condición no podía. Tenía que seguir con mi trabajo de panadería”, relató.
A pesar de esas dificultades, el canto permaneció presente en su vida. Nunca dejó de representar un espacio de encuentro, disfrute y expresión personal.
La historia de Alejandro Iñíguez refleja así el recorrido de muchos artistas del interior santiagueño: personas que mantienen viva la cultura y las tradiciones mientras desarrollan sus trabajos y responsabilidades cotidianas.
Desde sus raíces en un pequeño paraje del departamento Banda hasta su vínculo permanente con la música, Iñíguez encontró en el folklore una manera de expresar su identidad, compartir con otros y mantener viva una pasión que nació durante su infancia.




