La doctora en Educación de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) y especialista en políticas educativas en inclusión digital para el nivel secundario, Cecilia Ibáñez, reflexionó sobre los desafíos que plantea el uso de las tecnologías digitales entre niños y adolescentes, en un contexto marcado por la expansión de la inteligencia artificial (IA), las redes sociales y las plataformas virtuales.

Durante una entrevista en Mañana Fantástica, la especialista explicó que las preocupaciones en torno a la inclusión digital cambiaron significativamente en los últimos años. Mientras que anteriormente las políticas públicas estaban orientadas a reducir la brecha tecnológica y garantizar el acceso a dispositivos, en la actualidad el debate se centra también en cómo establecer límites, prevenir riesgos y promover un uso responsable de las herramientas digitales.

En ese sentido, recordó la experiencia del programa Conectar Igualdad, que durante varios años buscó facilitar el acceso a computadoras entre estudiantes, especialmente de los sectores más vulnerables. Sin embargo, señaló que la pandemia de COVID-19 produjo una transformación en las prácticas educativas, al incorporar plataformas virtuales que continuaron utilizándose después de la emergencia sanitaria.

“Hoy se trabaja en estos dos planos: la presencialidad y las plataformas”, explicó Ibáñez, al referirse a la convivencia entre las clases presenciales y los espacios digitales para compartir información y desarrollar actividades educativas.

La especialista advirtió que la expansión de la inteligencia artificial, especialmente desde 2023, abrió una nueva etapa de debates y transformaciones que también alcanza al sistema educativo.

EL USO EXCESIVO DE LAS REDES SOCIALES Y SUS CONSECUENCIAS

Uno de los principales ejes de su análisis estuvo relacionado con los efectos que puede generar el uso desmedido de las tecnologías durante la infancia y la adolescencia. Ibáñez mencionó las preocupaciones vinculadas con la salud mental, la atención, el descanso y la capacidad de tomar decisiones.

Según señaló, distintos estudios sitúan entre seis y ocho horas diarias el tiempo que algunos adolescentes permanecen conectados. Esta situación, explicó, representa un desafío para las familias a la hora de establecer límites y promover hábitos saludables.

Entre las consecuencias que generan preocupación, mencionó las dificultades para sostener la atención, los problemas para conciliar el sueño y las posibles alteraciones en los procesos de toma de decisiones. También advirtió sobre los riesgos asociados a la exposición de los menores en entornos digitales.

En este punto, hizo hincapié en problemáticas como el grooming, el phishing y las apuestas digitales, y sostuvo que muchas situaciones de vulnerabilidad que antes se producían en los espacios presenciales también se trasladaron al ámbito virtual.

La especialista consideró que estos riesgos requieren una respuesta que involucre tanto a las familias como a las instituciones educativas y al Estado.

UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA INCLUSIÓN DIGITAL

Ibáñez sostuvo que las políticas vinculadas con las tecnologías atraviesan un cambio de paradigma. Explicó que, durante las últimas décadas, especialmente en América Latina, el objetivo principal consistía en garantizar el acceso de los jóvenes a las herramientas digitales para acompañar su formación y prepararlos para el mundo laboral.

Actualmente, planteó, la discusión también debe enfocarse en prevenir los efectos negativos del uso excesivo y garantizar la seguridad de niños y adolescentes.

“Hoy estamos hablando de cómo limitar el uso y, sobre todo, minimizar los efectos negativos que está generando el uso desmedido y sin límites, sin considerar la seguridad de los menores de edad”, expresó.

Frente a este escenario, destacó la necesidad de avanzar en debates y regulaciones sobre el funcionamiento de las empresas tecnológicas, al considerar que estas plataformas tienen un papel central en la implementación de medidas de protección.

No obstante, remarcó que la responsabilidad no debe quedar exclusivamente en manos del Estado. También las provincias, las escuelas y las familias tienen un papel fundamental en la construcción de entornos digitales más seguros.

EDUCACIÓN DIGITAL Y HERRAMIENTAS PARA EL AUTOCUIDADO

En relación con las acciones que se pueden desarrollar desde las instituciones educativas, Ibáñez contó que trabaja junto a Marta Arias en propuestas destinadas a brindar herramientas digitales de autocuidado a los adolescentes.

El objetivo, explicó, es que los jóvenes conozcan los riesgos asociados al uso de las redes sociales, puedan reconocer situaciones de peligro y comprendan cómo funcionan los entornos digitales en los que participan cotidianamente.

La especialista puso especial atención en el origen y la circulación de la información que consumen los adolescentes, quienes recurren cada vez más a plataformas como TikTok, Facebook y X para informarse, además de utilizar herramientas de inteligencia artificial para resolver dudas.

En ese contexto, advirtió sobre el funcionamiento de los algoritmos y sus efectos en el acceso a diferentes perspectivas y contenidos.

Ibáñez explicó que las redes sociales seleccionan y recomiendan publicaciones a partir de las interacciones de cada usuario, como los “me gusta” y otros comportamientos. Esta dinámica puede favorecer la formación de las denominadas “burbujas de filtro” y “cámaras de eco”, fenómenos que limitan la exposición a información diversa y refuerzan contenidos y opiniones con los que las personas ya coinciden.

Por eso, consideró fundamental que los estudiantes aprendan a identificar cómo se construye la información que reciben, qué criterios utilizan las plataformas para mostrar determinados contenidos y de qué manera pueden desarrollar una mirada crítica frente a lo que circula en internet.

EL DESAFÍO DE EDUCAR EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La utilización de la inteligencia artificial por parte de los adolescentes también plantea interrogantes sobre los límites de estas herramientas, especialmente cuando se convierten en una fuente de orientación frente a problemas personales o emocionales.

Durante la entrevista, se planteó la preocupación por los jóvenes que recurren a la IA en busca de respuestas ante situaciones que podrían requerir la escucha de sus familias o la intervención de profesionales.

En este escenario, el planteo de Ibáñez apunta a fortalecer la educación digital, el acompañamiento adulto y la prevención, sin desconocer las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

La especialista sostuvo que el desafío actual no consiste solamente en garantizar el acceso a las herramientas digitales, sino también en enseñar a utilizarlas de manera segura, consciente y crítica.

La formación de adolescentes capaces de reconocer riesgos, evaluar la información y comprender el funcionamiento de las plataformas se presenta, así, como una tarea compartida entre el sistema educativo, las familias, el Estado y las propias empresas tecnológicas.