A 54 años de la Masacre de Trelew, la docente e historiadora Fernanda Gil Lozano repasó uno de los episodios más dolorosos de la historia argentina y puso el foco en la responsabilidad del Estado, los testimonios de los sobrevivientes y la necesidad de preservar la memoria de las víctimas.

El 22 de agosto de 1972, 19 militantes políticos detenidos en la Base Aeronaval Almirante Zar fueron víctimas de un fusilamiento. Dieciséis murieron y tres sobrevivieron: Alberto Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, cuyos testimonios fueron fundamentales para reconstruir lo ocurrido.
Según explicó Gil Lozano, los detenidos habían intentado escapar del penal de Rawson y llegar al aeropuerto de Trelew. Sin embargo, al verse rodeados por las fuerzas militares, decidieron entregarse voluntariamente.
“Ellos se entregan voluntariamente. Lo único que negociaron fue volver a Rawson y que no los mataran. Esa fue la negociación”, sostuvo la historiadora.
Los detenidos fueron trasladados a la Base Aeronaval Almirante Zar. Allí, durante la madrugada del 22 de agosto, fueron sacados de sus celdas y obligados a formar en un pasillo. De acuerdo con los testimonios de los sobrevivientes, los integrantes de la guardia abrieron fuego contra ellos.
“Tenían 19 personas contra una pared y dispararon. Eso fue un asesinato, fue una masacre”, afirmó Gil Lozano.
La historiadora remarcó además que los tres sobrevivientes fueron piezas fundamentales para desmontar las versiones oficiales que durante años intentaron presentar lo ocurrido como un enfrentamiento.
“Los testimonios, las investigaciones y todo lo que trabajó la Justicia fueron fundamentales para que esa parte de la historia no quedara como que fue un enfrentamiento, como que ellos estaban armados y que las fuerzas tuvieron que abrir fuego”, explicó.
Sin embargo, la historia de los tres sobrevivientes también estuvo atravesada por la violencia de la última dictadura militar. Alberto Camps fue desaparecido en 1977; María Antonia Berger, en 1979; y Ricardo René Haidar, en 1982. De esta manera, ninguno de los tres sobrevivientes de Trelew logró sobrevivir a la dictadura iniciada en 1976.
“UNA PERSONA DETENIDA NO PIERDE SUS DERECHOS”
Desde una perspectiva de derechos humanos, Gil Lozano destacó que el caso Trelew permite reflexionar sobre los límites que debe tener el poder del Estado.
“Un Estado puede detener a una persona que cometió un delito, puede juzgarla y puede condenarla, pero no puede decidir que esa persona deje de tener derechos”, sostuvo.
En ese sentido, señaló que incluso una persona condenada conserva derechos fundamentales como la vida, la integridad física, la defensa y el acceso a un juicio. Y cuando se encuentra detenida, el Estado asume una responsabilidad aún mayor porque esa persona está bajo su custodia.
“Trelew nos muestra qué ocurre cuando el Estado abandona el derecho y utiliza la violencia clandestina como mecanismo de castigo”, afirmó.
Para la historiadora, existe una diferencia fundamental entre juzgar la militancia o las acciones políticas de una persona y ejecutarla extrajudicialmente.
“Una cosa es juzgar las políticas subversivas de una persona y otra muy diferente es ejecutarla extrajudicialmente. El Estado no puede responder al delito con otro delito y mucho menos puede utilizar su poder para matar a una persona que está detenida”, remarcó.
LOS NOMBRES DETRÁS DE LA MASACRE
Gil Lozano también hizo hincapié en la importancia de recordar a las víctimas por sus nombres y no únicamente como parte de una cifra histórica.
“Los asesinados no eran personas sin historia. Tenían nombre, familias, amores, proyectos y militancia política”, expresó.
En particular, destacó la presencia de mujeres entre las víctimas y la necesidad de recuperar sus historias:
- Carlos Heriberto Astudillo
- Rubén Pedro Bonet
- Eduardo Adolfo Capello
- Mario Emilio Delfino
- Alfredo Elías Kohon
- Susana Graciela Lesgart
- José Ricardo Mena
- Clarisa Rosa Lea Place
- Miguel Ángel Polti
- Mariano Pujadas
- Alberto Carlos Del Rey
- María Angélica Sabelli
- Humberto Segundo Suárez
- Humberto Adrián Toschi
- Jorge Alejandro Ulla
- Ana María Villarreal de Santucho
“Recordar los nombres vuelve a darles un poquito de individualidad. Si no, pasan a formar parte de un número, de una estadística, y se les quita la humanidad y la importancia de los derechos humanos”, sostuvo.
A 54 años de aquella madrugada, la Masacre de Trelew continúa siendo un episodio central para comprender la violencia política y estatal en la Argentina. Para Gil Lozano, mantener vivos los nombres, los testimonios y la memoria de las víctimas resulta indispensable para que aquella historia no sea reducida a una cifra y para reafirmar que ningún Estado puede arrogarse el derecho de quitar la vida a una persona que se encuentra bajo su custodia.
