LA TRAGEDIA QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE A ZAMBIA: EL ACCIDENTE AÉREO QUE BORRÓ A UNA SELECCIÓN Y LA GLORIA 18 AÑOS DESPUÉS

En 1993, un avión que trasladaba al plantel se estrelló frente a Gabón y murieron 18 jugadores. Casi dos décadas más tarde, en la misma ciudad, Zambia logró la mayor hazaña de su historia con una consagración inolvidable.

A veces el fútbol trasciende el resultado y se convierte en una historia de memoria, dolor y reconstrucción. Pocas selecciones representan mejor esa dimensión que Zambia, un país cuya identidad futbolera quedó marcada para siempre por una de las tragedias más profundas que haya vivido el deporte mundial.

El 27 de abril de 1993, la selección zambiana viajaba rumbo a Senegal para disputar un partido clave de las Eliminatorias al Mundial de Estados Unidos 1994. El plantel abordó un avión militar de la Fuerza Aérea de Zambia, un de Havilland Canada DHC-5D Buffalo, que debía realizar escalas en Brazzaville, Libreville y Abiyán antes de llegar a Dakar.

Pero tras despegar desde Libreville, en Gabón, ocurrió lo impensado. Uno de los motores se incendió y, en medio de la emergencia, el piloto apagó por error el motor que aún funcionaba. Sin potencia, la aeronave cayó al océano Atlántico a pocos metros de la costa. Murieron las 30 personas a bordo: 18 futbolistas, cuerpo técnico, auxiliares y tripulación. No hubo sobrevivientes.

La catástrofe dejó al país devastado. Se perdió de golpe a una generación brillante, una camada que ilusionaba a Zambia con hacer historia en África y alcanzar su primer Mundial. Los cuerpos fueron enterrados en el Heroes Acre, en Lusaka, donde hasta hoy descansan como héroes nacionales.

Sin embargo, el fútbol les tenía reservado otro capítulo. En 2012, 18 años después de la tragedia, Zambia alcanzó la final de la Copa Africana de Naciones nada menos que en Libreville, la misma ciudad donde se había producido el accidente.

La definición ante Costa de Marfil terminó 0-0 y se resolvió en una dramática tanda de penales. Zambia ganó 8-7 y conquistó el primer título continental de su historia, en una consagración cargada de simbolismo, memoria y emoción. El estadio estaba a pocos kilómetros del lugar donde el avión cayó al mar.

Aquella noche, el fútbol le devolvió a Zambia algo más grande que una copa: le regaló una forma de sanar una herida que parecía imposible de cerrar.

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